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28 Jul
2010

Hipódromo romano de Estambul

Publicado en: |

Aunque apenas se conserven unas piedras del Hipódromo de Constantinopla, no puede faltar la visita a esta zona de Estambul. Junto con la Columna Serpentina, se puede admirar el Obelisco de Teodosio, el Obelisco de Constantino o la Fuente Alemana. En este sentido, la actual Sultanahmet Meydani (plaza del Sultán Ahmet) ofrece un bonito paseo con decenas de árboles y, por supuesto de turistas, ya que se trata de una de las zonas más llamativas de todo Estambul.

Columna Serpentina

En el distrito de Sultanahmed, lugar donde se concentran la mayoría de los monumentos y lugares turísticos de Estambul, se encuentra una de las piezas más antiguas de la ciudad: la Columna Serpentina (Yilanyi Sütun, en turco), que también es conocida como Trípode de Delfos o Trípode de Platea.

Columna serpentina

Columna serpentina y obelisco de Teodosio

Realmente, no se trata de un monumento puramente otomano, ya que fue traída por Constantino I El Grande en el año 324 d.C. desde Delfos (Grecia). Este emperador, junto con sus sucesores, principalmente Teodosio El Grande, tuvo el empeño de decorar sus vastas tierras y, sobre todo, su emergente ciudad con obras espectaculares traídas de todos los rincones del mundo, por lo que no dudó en expoliar aquellas tierras sobre las que conseguía victorias militares o acuerdos comerciales.

La Columna Serpentina, situada actualmente al sur del Obelisco de Teodosio en pleno centro del antiguo Hipódromo de Constantinopla, fue levantada como una ofrenda dedicada al dios Apolo en Delfos. Con unos ocho metros de altura, esta obra está formada por tres serpientes de bronce enroscadas entre sí, cuyas cabezas a modo de trípode sujetaban un cuenco de oro. Actualmente, sólo se conserva el cuerpo de las serpientes y dos de sus cabezas: una en el cercano Museo arqueológico de Estambul y la otra en el Museo británico de Londres. Los historiadores apuntan a que el cuenco de oro macizo tenía un diámetro de alrededor de tres metros, una pieza demasiado codiciada por los saqueadores que la robaron, y posiblemente fundieron, hace siglos.

Este monumento fue erigido en conmemoración de la victoria griega en la batalla de Platea (479 a.C.), en la que se repelió la invasión persa del ejército aqueménida en la Grecia continental. Se construyó frente al Templo de Apolo en Delfos un año después de esta victoria helena en las Guerras Médicas. Fue el triunfo de la unión, ya que el botín de piezas de bronce obtenido por 31 polis griegas fue fundido para levantar este gran monumento. Esta Columna Serpentina representaba, igualmente, una victoria moral sobre los persas, ya que la batalla de Platea fue la respuesta griega a la dolorosa derrota helena en la batalla de las Termópilas con el consiguiente saqueo persa a Atenas.

Obelisco de Teodosio

Parece increíble que uno de los monumentos mejor conservados de todo Estambul sea precisamente el más antiguo de ellos. Y es que los turistas que se acercan a observar el obelisco de Teodosio (Dikilitaş, en turco) se quedan impresionados al poder apreciar, sin problemas, los detalles de esta obra construida en el año 1479 a. C. Este monumento se encuentra situado en el distrito de Sultanahmet, muy cerca de la Mezquita azul y de otros monumentos relevantes de la localidad turca.

Detalle del obelisco te Teodosio

Detalle del obelisco de Teodosio

Su sorprendente buen estado de conservación cobra una relevancia superior si tenemos en cuenta su difícil transporte desde la lejana Egipto. Concretamente, el obelisco estaba situado al sur del gran templo de Amón-Ra de Karnak donde el faraón Tutmosis III lo mandó construir para conmemorar sus avances bélicos en el río Éufrates. Allí permaneció hasta que el emperador Constancio II, siguiendo el ejemplo de su padre Constantino I El Grande, lo mandara llevar a Alejandría, a través del río Nilo, para celebrar su aniversario como césar. Así, Alejandría fue su casa durante 33 años, hasta que en el año 390 Teodosio I lo hiciera, de nuevo, transportar hasta Constantinopla para colocarlo en el centro del Hipódromo romano, lugar en el que siglos después continúa.

Originalmente, el obelisco, que está realizado en un único bloque de porfirio rojo de Asúan, medía casi 30 metros, pero la imposibilidad de transportarlo de una pieza hizo que fuera cortada su base. De esta manera, en la actualidad mide 25,6 metros de altura, algo menos de 20 metros si sólo tenemos en cuenta el obelisco que está tallado con jeroglíficos que honran al propio Tutmosis III y al dios Horus, divinidad siempre relacionada con los faraones.

Para poder ser levantado en la actual Estambul, Teodosio I mandó construir una base de seis metros de anchura sobre el que se colocaron cuatro grandes cubos de bronce sobre los que descansa el obelisco. El pedestal está bellamente tallado con bajorrelieves que hacen alusión al propio emperador en una festividad celebrada en el Hipódromo romano, probablemente con motivo del levantamiento de esta nueva decoración de la spina. En este sentido, se puede apreciar una carrera de caballos, la corte en pleno junto con Teodosio I, el emperador entregando una corona de laurel al vencedor y el ofrecimiento de pleitesía de los enemigos derrotados.

Además, la base cuenta con una doble inscripción en griego y en latín, en la que se explica el trabajo que supuso colocar este obelisco en su nueva y definitiva ubicación.

Obelisco de Constantino

Obelisco de Constantino

Obelisco de Constantino

La columna de Constantino, es una obra que resume muy bien el deseo del emperador Constantino de hacer de esta urbe una de las más importantes del vasto Imperio Romano. No sólo el cambio del nombre de Bizancio a Constantinopla refuerza la egolatría del emperador, quien se empeñó en decorar la capital del Imperio Romano de Oriente con las mejores obras, tanto nuevas como expoliadas de otras zonas del Imperio. En medio de una fiesta con ceremonias cristianas y paganas, su columna fue inaugurada en mayo de 330 en plena expansión de la ciudad y constituye uno de los monumentos más destacados del arte romano en Estambul.

La columna de Constantino (çemberlitaş sütunu -columna reforzada-, en turco) tiene una altura de 35 metros y una ubicación tan estudiada que puede verse desde el Bósforo y el mar de Mármara. Cuando se construyó, la columna de roca pórfida traída desde Egipto estaba situada en el centro del Foro de Constantino, situado más allá de las murallas de la ciudad.

El paso de los años ha restado esplendor a este monumento. Originalmente, medía unos 50 metros de altura, estaba dividida en nueve anillos y coronada por una estatua de Apolo, que fue sustituida por una del propio Constantino. Como todas las grandes obras, la columna de Constantino no está exenta de rumores que aumentan su magnitud y adoración. En este sentido, se ha llegado a decir que contenía un fragmento de la Vera Cruz, así como reliquias de tanto valor como el hacha con el que Noé construyó su arca, la cesta con la que Jesús hizo el milagro de los panes y los peces e, incluso, parte de las cruces de los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús en el calvario.

La climatología y los ladrones también han dañado esta obra. Así, una fortísima tormenta en 1106 derribó la estatua que coronaba la columna, junto con sus tres anillos superiores. Esto hizo que, años más tarde, el emperador Manuel I Comneno decidiera reforzarla con piezas de bronce, que, sin embargo, fueron robadas y fundidas para acuñar monedas. A finales del siglo XVIII un incendio en el barrio dejó unas perennes marcas negras de humo, por las que también es conocida en la actualidad como “columna quemada”. Tras este escenario, se sucedieron las remodelaciones, una de las más importantes comenzada en 1955.

Su visita nos transporta hasta una de las épocas más florecientes de la ciudad, ya que, aunque se ha visto deteriorada por el paso del tiempo, uno se puede imaginar sin problemas la grandiosidad de la época en la que fue construida.

Fuente alemana

La Capital Europea de la Cultura en 2010, Estambul, puede presumir de albergar edificaciones de muy diferentes estilos y épocas, fruto del paso por sus tierras de diversas culturas. Un ejemplo de ello es la fuente alemana (alman çeşmeni, en turco), de estilo neobizantino.

Fuente alemana

Fuente alemana

Este gazebo, de planta octogonal, fue un regalo del kaiser Guillermo II a la capital del Imperio otomano, tras su visita en 1898, cuyo objetivo principal no era otro que construir un línea de ferrocarril hasta Bagdad y situarse así posicionada en este importante enclave petrolífero. Aunque no tuvo éxito su cometido al considerar el sultán Abdul Hamid II que sólo albergaba ansias expansionistas, Guillermo II quedó muy agradecido del trato dispensando por los otomanos, como queda bien reflejado en la inscripción que existe en la propia fuente en una plaquita de bronce. Escrita originalmente en alemán, la chapa dice: “El kaiser alemán Guillermo II, quien construyó esta fuente en otoño de 1898, como señal de gratitud de su visita al sultán otomano Abdul Hamid II”. A pesar de la inscripción, la fuente realmente fue inaugurada de manera oficial el 27 de enero de 1901, fecha del cumpleaños de Guillermo II, aunque un año antes ya fue trasladada, pieza a pieza, hasta la ciudad turca y reensamblada allí.

Además de la inscripción de Guillermo II, existe una segunda dedicatoria, en esta ocasión en turco, situada en el arco de la fuente. De esta manera, se trata de ocho versos escritos por Hattat İzzet Efendi.

En la construcción de la fuente alemana participaron cuatro arquitectos, con importante fama en esa época: Spitta, Schöle, Carlitzik y Joseph Anthony. Cuenta con ocho columnas de mármol y la parte interior de la bóveda está decorada con bellos mosaicos dorados con simbología de los dos emperadores. Entre cada una de esas columnas hay ocho medallones: cuatro de ellos tienen símbolos del sultán Abdul Hamid II sobre fondo verde y los otros cuatro tiene la letra “W” (primera letra del nombre de Guillermo II en alemán: Wilhelm).
Aunque nadie duda de la belleza de la fuente alemana, sí son muchos los que cuestionan su ubicación en la plaza de Sultanahmet. Comparte espacio con monumentos muy antiguos de la época griega y romana, por lo que consideran que una obra de principios del siglo XX no tiene su sitio en el antiguo hipódromo romano, frente a la famosa Mezquita Azul de Estambul. En cualquier caso, animamos a los visitantes a disfrutar de ella paseando por los alrededores.



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