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23 Jul
2010

Estambul a lo largo de la historia

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Estambul atrae a los visitantes no sólo por su historia y sus monumentos sino también por su crisol de formas de vida, su personalidad, su luz y sus contrastes. En sus calles se levantan majestuosas mezquitas y palacios que dan cuenta de un pasado glorioso y que se mezclan con la cultura moderna, convirtiendo a Estambul en una gran ciudad.
Desde 1923 la capital de Turquía es Ankara, pero Estambul sigue siendo el centro de la industria, el comercio y la cultura del país, superando los 12 millones de habitantes y siendo sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, cabeza de la Iglesia Ortodoxa. Pero sobre todo, Estambul emerge económicamente como ciudad en parte gracias al turismo, que aporta una gran fuente de ingresos.

Ciudad de Estambul

Estambul, entre dos continentes

Al estar situada entre dos continentes, con una parte en Europa y otra en Asia, y rodeada de mar, siempre ha tenido un transporte marítimo excelente y por tanto un intercambio cultural constante. Era el centro del comercio de productos que circulaban entre el Mar Negro y el Mediterráneo, posibilitando el intercambio entre Europa, Asia y África.

Navegando un poco en su historia nos encontramos con que se la ha conocido como Bizancio hasta el año 330, Nova Roma o Constantinopla hasta 1453 y finalmente İstanbul a partir del 28 de marzo de 1930. A su vez fue la capital del Imperio Romano, del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, del Imperio Otomano y de la República de Turquía.

A pesar de tanto cambio, lo que durante los siglos se ha mantenido constante en Estambul ha sido su modo de vida, sus puestos callejeros y bazares donde se puede encontrar cualquier cosa si se sabe buscar.
Pero su peso histórico y su riqueza arquitectónica puede sentirse en cada esquina.

Desde su fundación como capital de Tracia con el nombre de Bizancio dado por colonos griegos de Megara en el año 667 a. C. hasta nuestros días han pasado por ella varios pueblos.

Durante años estuvo en manos de los persas, que la ocuparon y la destruyeron durante el siglo V a. C. Fue tomada por el general espartano Pausanias en el 477 a. C., Años después tuvo que disputar su control a los atenienses, quienes la ocuparon en el 409 a. C., aunque fueron expulsados en el 405 a. C. después de la derrota de Atenas frente a Esparta, que puso fin a la guerra del Peloponeso, para finalmente volver a manos atenienses en el 390 a. C.. Entre el  año 336 y el 323 a. C., durante el reinado de Alejandro Magno, estuvo en manos de los macedonios. Hasta el año 279 a.C. en que una expedición gálata conquistó Tracia, imponiendo un tributo a Bizancio, la ciudad había mantenido su independencia.
Pasó a fomar parte de El Imperio Romano en el año 191 a.C.  en condición de aliada.

Pero cuando Cómodo fue asesinado tras la guerra civil en el año 192 las cosas cambiaron. En esos días, Bizancio se hallaba en medio de una disputa entre el emperador romano Lucio Septimio Severo y Cayo Pescennio Níger, tomando partido por este último. Así, los partidarios de Níger resistieron durante 3 años el asedio de Severo hasta que finalmente se rindieron. Severo, furioso por el trabajo que le costó tomar la ciudad, hizo devastarla, la destruyó y saqueó desde sus murallas hasta la última casa, convirtiéndola en algo parecido a una aldea.

El Imperio Romano fue dividiéndose y durante ese período nació el Imperio Bizantino.

Mezquita de Santa Sofia

Mezquita de Santa Sofia

Este Imperio comenzó con el emperador romano Constantino I el Grande, quien en el año 330 rebautizó a la ciudad como Nova Roma o Constantinópolis. Constantinopla controlaba la ruta entre Asia y Europa y también el paso entre los mares Negro y Mediterráneo.
Del primer período de esplendor no hay que dejar de fijarse en la iglesia de Santa Sofía, la cual fue mandada construir por el emperador Justiniano I. Tras los malos tiempos vividos entre los siglos VII y VIII, resurgiría en el IX y X, con el Cisma de Oriente, tras lo cual vendría la decadencia del Imperio con las cruzadas, la división en varios estados como el Imperio Latino, y la amenaza turca. No obstante la ciudad continuaría siendo centro cultural y comercial del Mediterráneo, contando con consulados y colonias de mercaderes de diversos países.

El 29 de mayo de 1453 es una de esas fechas imposibles de olvidar, que marcó el fin del Imperio Bizantino e incluso se considera el final de la Edad Media. Las tropas otomanas del Sultán Mehmet II (llamado Fatih, «El Conquistador») superaron las defensas de Constantino XI y penetraron en Constantinopla. Esa fue la última vez que se vio al último emperador bizantino.

Durante los años siguientes la ciudad vivió un cambio cultural completo, y pasó de ser bizantina imperial y cristiano ortodoxa a ser otomana e islámica y su nombre fue cambiado por İstanbul o Estambul, aunque no fue oficial hasta 1930, bajo el dominio turco. Algunas iglesias fueron convertidas en mezquitas, y además cada Sultán construyó una nueva para conmemorar su reinado. No hay que dejar de visitar las Mezquitas de Beyazid (siguiendo el esquema de Santa Sofía), de Suleiman, la del Sultán Ahmed y la de Fatih (‘el conquistador’).

Para sumergirnos en el Estambul Otomano nada mejor que recorrer la parte histórica de la ciudad, el barrio de Sultanahmet, y dejarse envolver por su elegancia, su derroche de ostentación y su impecable arquitectura. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO 1985. Como un buen ejemplo podemos mencionar el Palacio Topkapi en el que podían llegar a vivir 6000 personas.

Decoración del Palacio de Topkapi

Decoración del Palacio de Topkapi

Los Otomanos llegaron a tener más de 100 tekkes o centros de reunión y retiro en los que se celebraban rituales sufíes. Algunos se mantienen hoy en día como mezquitas o museos. También en ciertas zonas de Estambul aún hay Türbes, que son mausoléos o tumbas de sultánes Otomanos.

La decadencia otomana comenzó en 1566 después de la muerte de Suleiman el Magnífico. Durante su reinado desarrolló una gran actividad legisladora que se centró principalmente en la organización del ejército, la propiedad territorial y el sistema tributario.

A pesar de los siglos de decadencia y de las derrotas sufridas frente a los enemigos europeos, cuando Selim III (1789-1807) subió al trono, el Imperio todavía era extenso y recorría toda la península de los Balcanes, Anatolia y el mundo árabe desde Iraq hasta el norte de África.
La era de cambios del Imperio Otomano durante el siglo XIX se puede dividir en tres fases:

1De transición y preparación (1789-1826).

2De acción intensiva (1826-1876).

3De culminación, desde 1876 hasta la primera guerra mundial.

Después de la caída de los Imperios centrales, el Imperio otomano se precipitó al caos. El primer Presidente de la República de Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, abolió el sultanato en 1922, dentro de su proceso de reformas y modernización y declaró la renuncia a la idea imperial, lo que constituyó el fin del Imperio otomano.

La capital pasó a ser Ankara. En los primeros años de la república, Estambul fue olvidada, pero durante los años cincuenta y sesenta fue sometida a un cambio estructural. La ciudad, que poseía entre sus habitantes a una próspera comunidad griega, vio como su número de ciudadanos disminuía después de los acontecimientos del 6 y 7 de septiembre de 1955, en la que fueron atacadas las comunidades armenia, griega y judía de la ciudad, lo que hizo que un gran número de griegos abandonaron sus hogares y regresaran a Grecia.

Pero también llegaron los avances y el país entró en una etapa de desarrollo con la construcción de fábricas y de una nueva red de carretas. En 1963 se firmó el Acuerdo de Ankara, el primer paso del país para formar parte de lo que actualmente es la Unión Europea.

La ciudad de Estambul hoy en día

La ciudad de Estambul hoy en día

Durante los años setenta la población de Estambul aumentó de una forma brusca, como pasó en muchas grandes ciudades europeas, debido a la emigración de la gente a la ciudad para encontrar empleo en muchas de las nuevas fábricas construidas a las afueras. Esto dio lugar a una explosión inmobiliaria. Este crecimiento provocó que muchos pueblos situados antes en la periferia fueran absorbidos por Estambul hasta llegar a ser la ciudad que es hoy.



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