22 Sep
2010

El arte del regateo

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Conseguir un precio justo por un producto es, para muchas personas, un verdadero arte. Y es que regatear es mucho más que un juego entre vendedor y comprador, ya que en muchos países, es una parte más del intercambio de mercancías. Sin embargo, los europeos y otros turistas provenientes de países occidentales no están acostumbrados a tener que negociar un precio, puesto que, en sus lugares de origen, el valor está previamente fijado por el dueño del negocio y no está permitido modificarlo.

Quien visite países africanos (sobre todo del Magreb), asiáticos (principalmente China, Tailandia y Oriente Medio) y algunos sudamericanos, verá que en sus mercados todo el mundo regatea; Estambul, aunque parte de la ciudad se encuentra en Europa, adopta en sus bazares la costumbre de regatear. No es una costumbre que afecte sólo a los turistas, ya que los oriundos también negocian un precio final. para sus compras. No obstante, bien es cierto que los precios suelen estar inflados para los visitantes y son ellos los que más deben “luchar” por conseguir un precio justo.

Normalmente, se estima que el precio en los lugares donde se regatea (principalmente bazares y mercados callejeros) está muy por encima del valor que el vendedor cree que tiene su producto. Es más, se calcula que nunca se debe pagar más de la mitad, incluso un tercio, del precio fijado en la etiqueta o el primer precio que oralmente dé el vendedor. Aunque dé vergüenza o no se esté acostumbrado a negociar, hay que regatear, si no se quiere pagar de manera desorbitada por algo con un valor muchísimo más inferior. Es común no obstante, que el propio vendedor sea el  que nos incite al regateo, incluso cuando el turista desinformado, o cansado del juego de negociar, acepta de primeras el precio indicado.

Bazar en Marrakech

Bazar en Marrakech

Para conseguir ser casi un experto en el arte del regateo, hay que tener mucha paciencia, algo de picardía y capacidad de negociación. Éstas son capacidades que se pueden aprender, por lo que no hay que preocuparse si, en principio, no están dentro de nuestra forma de ser.

Hay que tener claro qué se quiere realmente y no ir a por ello nada más bajarse del avión. Se recomienda visitar los bazares varias veces y dejar las compras para los últimos días de las vacaciones. Con esto, se podrán saber cuáles son las costumbres a la hora de regatear y en qué lugares se venden aquellos productos que nos interesan; además, es probable que hayamos aprendido alguna frase o palabra en el idioma del país, que siempre es agradecida por los vendedores que sienten el esfuerzo del turista. El hecho de que se retrasen las compras también servirá para comparar los precios en diferentes tiendas y así hacerse una idea más precisa de hasta dónde se puede llegar.

El día que decidamos hacer la compra debemos concentrar nuestros esfuerzos en conseguir un precio justo sólo y exclusivamente en lo que nos interesa. Y es que tenemos que tener claro que, si hacemos una contraoferta y ésta es aceptada, se considera de pésima educación no cerrar la venta.

En un comercio, podemos seguir dos estrategias, dependiendo del tiempo y las ganas que haya de regatear. Podemos ir directamente a por el producto escogido o, por el contrario, pujar por otro que realmente no queremos y así “cansar” al vendedor para una segunda compra. Lo que está claro es que siempre hay que tratar con respeto al comerciante y no es conveniente ser agresivo en la negociación, así como se debe usar el sentido común y jugar con el dinero hasta un límite razonable.

Lo primero que se debe hacer es mostrarse sorprendido por el precio fijado, que siempre será el punto de partida para la negociación. En ocasiones, el vendedor pregunta cuánto se quiere pagar; no hay que contestar nunca y siempre debe ser el propietario el que fije ese precio de partida. Además, en muchas ocasiones, preguntan el país de origen; no es por cortesía, sino que se suelen establecer precios más elevados a los estadounidenses y los europeos del norte por su supuesta mayor capacidad económica. Y, si se interesan por la profesión, hay que optar por una mentira piadosa y elegir alguna con poco poder adquisitivo.

Con un precio establecido, empieza la negociación: lo más apropiado es pujar por el producto con un precio mucho más bajo de lo marcado (incluso hasta diez veces menos) al que el vendedor hará una contraoferta que prodremos negociar hasta llegar al valor que las dos partes consideren justo. Si durante la negociación hay un arrepentimiento y realmente no se quiere el producto, sólo hay que decir un “no, gracias” y marcharse del lugar; es probable que el vendedor insista o, quizá, llegué a parecer enfadado, pero las explicaciones que se le puedan dar  no serán probablemente no entenderán si no se habla de manera fluida su idioma. Los bazares turísticos tienen muchas tiendas prácticamente idénticas y podemos tratar un nuevo regateo con otro comerciante.

Si sale bien la táctica, se obtendrá el producto por un precio inferior al marcado. La cantidad que se consiga ahorrar dependerá sólo de la paciencia y el tiempo que se quiera invertir para obtener esa preciada compra.



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