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29 Dic
2008

Una excusa para conocer Rumanía (II)

Publicado en: |

Texto: Enrique Sancho

Oficina de Turismo de Rumanía en Madrid

Tratar de seguir las huellas al personaje real o al literario es una excelente excusa para conocer Rumania, un país bello y fascinante, uno de los últimos tesoros por descubrir en la trillada Europa.

Intentar perseguir a Drácula nos llevará a ciudades medievales en las que el tiempo se paró hace 600 años, a monasterios ortodoxos convertidos en auténticas galerías de arte mural, a castillos de estilizadas formas, a iglesias amuralladas… Y todo ello recorriendo paisajes de insólita belleza, valles profundos, bosques impenetrables, pueblos de madera que parecen extraídos de un museo de arquitectura.

 
Rumania es todavía un país nuevo para el turismo, sin grandes autocares llenos de japoneses, sin tiendas y puestos de souvenirs artificiales, sin precios abusivos, sin picaresca. Un país íntegro, que trata de engancharse al tren de la modernidad, a la globalización y todo eso, pero sin prisas, y sin perder sus esencias. Al recorrer el país, el turista se convierte en viajero.

Atravesar Rumania contemplando sus ciudades y pueblos es hacer un viaje a la Edad Media; viajar por Rumania mirando a sus gentes y a su vida, es remontarme a la España, o la Italia, o la Francia de los años 60. Con todo lo bueno y lo malo que ello supone. Por eso, una de las primeras medidas al iniciar el recorrido es tomarlo con calma. Los rumanos son latinos no sólo en el idioma, también en la forma de enfocar la vida y las prisas no van con ellos. Las carreteras que comunican este extenso país son estrechas, mal señalizadas y llenas de pasos a nivel de tren que con demasiada frecuencia están cerrados. Además, aunque no hay mucha circulación, puede coincidir en el camino una combinación de camiones, tartanas de zíngaros (se calcula que hay más de dos millones en todo el país) y carros tirados por caballos, que eternicen el viaje. Por eso, una buena solución es concentrarse en el paisaje, que es precioso.

Casi todos los recorridos por Rumania parten de Bucarest ya que lo lógico es llegar hasta la capital en avión y luego seguir por carretera. Pero no hay que dedicarle mucho tiempo porque hay mucho más que ver. La esencia de Rumania se descubre en Transilvania, un nombre evocador y un verdadero caleidoscopio de razas y pueblos, tal vez el último de la Europa del Este. Aquí viven los rumanos que presumen de su ascendencia dacia y latina, los húngaros que se asentaron en el siglo IX cuando la tierra era de nadie, los alemanes que permanecieron hasta la caída de Ceaucescu gracias a un canon que su Gobierno pagaba al dictador, los gitanos, algunos de los cuáles ocupan las casas abandonadas por los germanos, aunque la mayoría sigue fiel a sus viejos carromatos.

 

Continuación con Sibiu, la ciudad con ojos.

 

 



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