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05 Ene
2009
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Sibiu, la ciudad con ojos (III)
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Texto: Enrique Sancho Oficina de Turismo de Rumanía en Madrid
Penetrar en Sibiu, puerta de entrada a Transilvania y Capital Europea de la Cultura en 2007, es meterse de lleno en la Edad Media, con sus casas de fachadas en colores pastel, las banderolas de hierro que anuncian comercios y artesanos, las escaleras que comunican la parte alta y la baja, las pequeñas placitas, los patios interiores… y los tejados que te miran.
Sí: te miran. Las buhardillas de los enormes tejados tienen unas extrañas ventanas con forma de ojo humano, con su párpado, sus pestañas y su mirada que te sigue a todas partes. La "observación" se hace especialmente agobiante en la Plaza mayor donde abundan estos tejados, el lugar obligado de reunión de la gente joven de Sibiu. A partir de ella, se puede seguir una ruta alrededor de la plaza, siguiendo el antiguo trazado de la muralla, parte de la cual todavía se conserva. Vale la pena penetrar en algunos de sus muchos patios donde con frecuencia se descubre un mundo sorprendente. También abundan las iglesias –evangélicas, católicas, ortodoxas–, que alzan sus torres sobre los preciosos tejados de Sibiu. En la catedral ortodoxa está enterrado el hijo natural de Vlad Tepes, llamado el Malo. Se ve que no conocían bien al padre.
Continúa en En Busca de Drácula.
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