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13 Ene
2009
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En busca de Drácula (IV)
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Texto: Enrique Sancho Oficina de Turismo de Rumanía en Madrid
Tras abandonar Sibiu y de camino hacia la etapa reina del recorrido, se pasa por Biertan donde se alza una más de las numerosas iglesias fortificadas –o fortalezas con iglesia– que aparecen esparcidas por Transilvania y Moldavia. Y por fin, un poco más adelante, aparece Sighisoara, una deliciosa ciudad medieval, burgo sajón, Patrimonio de la Humanidad, antigua parada obligada del Orient Express y con la única ciudadela intacta que sigue estando habitada.
Pero todos sus méritos palidecen ante su otro título: ciudad natal de Drácula el Empalador. En efecto, a pocos metros de su principal monumento, la Torre del Reloj, está una humilde casa, hoy convertida en restaurante, en la que vivió el padre de Vlad y en la que, supuestamente, éste nació en 1431. Una placa en la puerta simplemente reconoce que allí vivió su familia entre 1431 y 1435. La certeza de su lugar de nacimiento, o de su muerte, o de los muchos castillos en que vivió y las iglesias que protegió, son una incógnita.
Pero no importa. Sighisoara, con Drácula o sin él, es una de las visitas imprescindibles en Rumania. Sus calles escalonadas, sus arcos, sus torres de defensa intactas que evocan los antiguos gremios, sus pasadizos y callejones nos transportan a una ciudadela medieval. Sus artesanos, sus anticuarios, sus artistas callejeros parecen también sacados de aquellos lejanos tiempos y siguen ahí, en las empedradas calles, realizando su trabajo.
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