26 Mar
2012

La Nueva Medina de Casablanca

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Casablanca

Casablanca. Imágen: /1.bp.blogspot.com

Una visita a Casablanca no sólo se hace por la esperanza de vivir una aventura de cine, sino también por empaparse de cultura y de historia. La ciudad más famosa (y más poblada) de Marruecos es un paradigma de evolución y paso del tiempo, y pasear por sus calles y barrios significa descubrir una miríada de vestigios de las más variadas culturas y tiempos.

Uno de los más obvios referentes de lo mencionado se encuentra en la separación entre la Antigua y la Nueva medina, o lo que es lo mismo, el casco viejo de la ciudad, y su sustituto de apenas un siglo de vida.

 

De la Antigua a la Nueva Medina

Durante mucho tiempo, uno de los símbolos del reino de Marruecos en general y de la ciudad de Casablanca en particular, era un imponente bastión que servía de defensa ante lo que pudiese venir del mar. Por ello, en 1770 el sultán Sidi Mohammed Ben Abdallah decidió reforzarlo y rendirle homenaje mediante el alzamiento de las murallas que, a la postre, acabarían convirtiéndose en los límites del casco antiguo de la ciudad. O lo que es lo mismo, la Antigua Medina. De manera instantánea, el barrio se convirtió en el centro neurálgico de la vida de Casablanca: restaurantes, puestos de venta de ropa, alimentos y otros artículos, fiestas vecinales… todo sucedía entre las cuatro paredes de la muralla.
Ahora bien, hacia 1920 la ciudad vivió un intenso crecimiento económico, y ante la necesidad de acoger a un igualmente creciente número de habitantes, se decidió construir un nuevo foco de atención social. El barrio de Habous, comúnmente conocido como la Nueva Medina.

 

La Nueva Medina: objetivo cumplido… a medias

Nueva mezquita de Casablanca
Nueva mezquita de Casablanca. Imágen: t0.gstatic.com

Al sur de Casablanca, y a un par de kilómetros de distancia, a un grupo de arquitectos franceses se le encomendó la tarea de idear un barrio nuevo siguiendo los modelos de las medinas clásicas, por lo que su aspecto visual sigue marcándolo un sinfín de plazoletas y callejuelas, plagadas de bazares, negocios de venta de todo tipo de artesanías y suvenires, y pequeños restaurantes. Además, para fomentar la vida del barrio se desplazaron hasta ahí los edificios administrativos de la ciudad así como el palacio real; el estilo arquitectónico de todo ello, a caballo entre lo tradicional y lo moderno, los convierte en construcciones nada desdeñables para garantizar un paseo agradable. A destacar muy especialmente el Mahkama del Pacha, tribunal de la ciudad de exquisito estilo tradicional (pese a tratarse de un edificio de los años 50) y reminiscencias palaciegas andaluzas. Construido a base de mármol y madera, cuenta con más de sesenta salas, por lo que el lugar hace además las veces de salón de recepciones. Por último, el barrio de Habous cuenta también con la iglesia cristiana de Nuestra Señora de Lourdes, de impresionantes vidrieras.
Huelga decir que un paseo por el barrio, enmarcado por hermosos jardines y empapado de vida autóctona, es más que recomendable para el viajero: la calma que se respira en la zona pese a la actividad de sus calles, la armoniosa arquitectura de sus pequeñas edificaciones, los restaurantes y puestos de venta y los dos o tres destinos obligados citados hace un momento, lo convierten en un plan excelente para un par de horas. Sin embargo, la idea original de desplazar el centro de la vida de Casablanca se consiguió sólo a medias, pues aunque el esfuerzo fuera titánico, el emplazamiento de la Nueva Medina dista mucho del de la Antigua, al lado del mar y con más comodidades a su alrededor. Por ese motivo, Habous no está demasiado saturado de gente, ni llegan a él agobiantes masas de turistas.

 



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