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26 Ago
2010

La medina de Fez, laberinto del pasado

Publicado en: |

Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO en 1981, la medina de Fez es un verdadero espectáculo para los sentidos. Entrar en ella es como retroceder varios siglos en la historia, ya que parece que nada o poco haya cambiado por sus calles, salvo la presencia de los turistas extranjeros ávidos de hacer fotografías a los millares de rincones curiosos que en ella se encuentran y a algunos detalles, como las antenas parabólicas, que nos recuerdan que ya estamos en el siglo XXI.
En realidad, la medina es la parte antigua de Fez, la tercera ciudad más grande de Marruecos con una población de casi un millón de habitantes, por detrás de Casablanca y Rabat. Así, esta medina denominada Fez el Bali se encuentra dentro del recinto amurallado, mientras que las otras dos partes de la ciudad son Fez Jdid, construida a finales del siglo XIII, y la Ville nouvelle, legado de la ocupación colonialista francesa.

Fez fue fundada por Idriss II en el año 809, mientras que su medina es puramente medieval, de alrededor del siglo XII, aunque contiene monumentos más antiguos.

Transporte en burro

Transporte en burro

La medina de Fez, que ocupa una superficie de unas 350 hectáreas (más de 350 campos de fútbol), es la zona peatonal más grande del mundo. Aquí está prohibido el transporte a motor, aunque bien es cierto que algunas motocicletas sí hay por sus casi 10.000 callejuelas. Lo más común es moverse en burro, tanto para que las personas se desplacen como para transportar las mercancías dentro de la propia medina o hacia el exterior. Los dueños de estos animales tienen, como el de la gran mayoría de los comerciantes, un sexto sentido para los turistas, puesto que, al pasar a su lado y sin necesidad de abrir la boca, ya están ofertando sus servicios. Puede ser curioso pasear a lomos de un burro, para lo que habrá que regatear su precio, aunque quizá sea más cómodo descubrir la medina a pie para poder así parar sin problemas en aquellos rincones que despierten interés.

Para cualquier visitante ajeno a la medina resulta muy difícil orientarse dentro de la medina. Su caótico entramado de calles y su escasa señalización ponen en aprietos, en muchas ocasiones, a los turistas que, si no van acompañados de un guía, pueden acabar teniendo que pagar una pequeña propina a algún oriundo para que les sitúe en el mapa.

La entrada principal y más majestuosa de la medina es la de la puerta Bab Boujeloud, decorada con azulejo azul y verde, los colores de la ciudad de Fez y del Islam. Desde aquí se divisa la calle principal de la medina, la Talaa Kebira (la gran cuesta), que debe ser la guía y el punto de encuentro para deambular por el lugar sin perderse.

  • El primer monumento que aparece es la gran madraza Bou Inania, del siglo XIV, una impresionante escuela construida con madera de cedro y estuco y decorada con mármol y ónice. Otra de las ocho madrazas que hay en la medina es la de Al-Attarin, del siglo XIV y que cuenta con una impresionante fuente de mármol de Carrara
  • Barrio de curtidores

    Barrio de curtidores

  • Siguiendo esta arteria principal, también se pasa por un antiguo santuario de una cofradía religiosa y el zoco de los artesanos de ciertos instrumentos musicales hasta llegar a la mzara, un lugar de peregrinación para los fieles musulmanes pues parece que aquí mismo, sentado en un banco, Moulay Idriss decidió levantar la ciudad de Fez. Aunque probablemente sea el lugar más visitado y venerado de la medina, los no musulmanes no pueden acceder, así que deberán conformarse con echar un vistazo desde fuera y observar a las decenas de mujeres que entran con una vela encendida para pedir a Idriss su bendición.
  • La medina es un barrio gremial, donde los comerciantes y artesanos están separados y cuentan, desde hace siglos, con todo lo necesario para su día a día: escuelas, mezquitas, hammam, panaderías… Por este motivo, lo normal es ir saltando de un suq (zoco) a otro y así ir pasando por diferentes oficios y productos: piezas de madera, babuchas, henna, telas, joyas, vidrio… aunque el barrio más popular es el de los curtidores. Aquí, entre ramas de hierbabuena que los turistas llevan junto a su nariz para amortiguar los fortísimos olores, trabajan las pieles de animales hasta convertirlas en piezas de marroquinería; se pueden observar cómo preparan los cueros o cómo los tiñen en las decenas de cubas con tintes de todos los colores.
    Telar y venta de telas

    Telar y venta de telas

  • Para quien esté más interesado en la madera debe acercarse a la plaza Najjarine, donde se ubica el museo de artes y oficios de la madera. Esta antigua posada totalmente restaurada cuenta con unos ejemplos magníficos de lo que los carpinteros de Fez son capaces de hacer. Al acceder a este museo, entramos en uno de los 115 foundouks que existían en la medina y que servían para que, en su planta baja, los mercaderes realizaran sus intercambios comerciales, mientras que en la alta podían descansar del viaje.
  • También es muy interesante la visita al barrio de los andalusíes o andaluces. Aquí se levanta, por ejemplo, la madraza Es-Sahrij o una bella mezquita construida en el siglo IX y que destaca por su minarete verde y blanco, así como por unos patios en mármol y ónice. Más fama tiene, sin embargo, la mezquita Karaouiyine, situada en el centro de la medina; construida en el año 857 y totalmente remodelada en 2007, se trata de uno de los templos más prestigiosos de todo Marruecos.
  • Tampoco puede faltar la visita al museo del palacio Dar-Batha, de estilo arábigo andalusí y que cuenta con una exposición de cerámicas, principalmente con los tonos azules propios de Fez. Este museo, además, forma parte del festival de las Músicas Sagradas del Mundo que, cada mes de junio, acoge diferentes eventos culturales en la ciudad de Fez.

Vista de la medina

Vista de la medina

No hay duda de que la medina de Fez es un lugar para deambular, para perderse, y a medida que se va caminando, ir descubriendo cada esquina, unas bellamente decoradas y otras en muy mal estado de conservación. Desde lejos puede observar la inmensidad de la medina y mantener en la retina esta joya marroquí.



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