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04 Mar
2011

Casablanca: la ciudad más cosmopolita de Marruecos

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Aunque la capital del reino alauita es Rabat que se encuentra a unos 80 kilómetros al norte, la vida, sobre todo económica, industrial y social, del país no pasa por sus calles, sino por las de Casablanca, que, para muchos, es sólo un grato recuerdo de la magnífica película dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman que, sin embargo, no se rodó en estas tierras.

Playas de CAsablanca y mezquita de Hassan II

Playas de CAsablanca y mezquita de Hassan II

Para romper mitos, Casablanca ha sabido conjugar una oferta turística completa y variada que satisfará a todos sus turistas. Uno de los lugares que no puede faltar en una visita a Casablanca es la gran mezquita Hassan II, situada en una península de unas ocho hectáreas, buena parte de ellas ganadas al mar. El edificio, que fue construido en el siglo XX (concretamente se inauguró el 30 de agosto de 1993), tiene el honor de contar con el minarete más alto del mundo (210 metros), lo que le hace visible desde muy lejos, aunque esta cualidad se ve reforzada por el láser que, en dirección a La Meca, se puede ver desde 30 kilómetros de distancia. Su sala de oraciones tiene capacidad para 25.000 fieles, mientras que en la explanada caben 80.000 más, lo que le hace ser una de las más concurridas del mundo, también por los no musulmanes que pueden entrar en ella en horarios fuera del culto (la entrada para los adultos cuesta 100-120 dirham, unos 10 euros).

La mezquita de Hassan II, que se encuentra muy cerca del zoco del cuero en la que comprar artesanía local, es fruto de una mezcla de la arquitectura tradicional marroquí, que no está reñida con la última tecnología. Así, por ejemplo, el interior está rematado por un techo de madera de cedro sostenido por 76 pilares que, no obstante, puede abrirse dejando pasar la luz hasta el estanque del patio.

De inspiración claramente diferente a la gran mezquita de Hassan II es la catedral del Sagrado Corazón, también conocida como catedral de Casablanca, que, sin embargo, no oficia misas desde 1956, después de que Marruecos consiguiera la independencia. Construida en 1930 en estilo neogótico, es, en la actualidad, un centro cultural que merece la pena visitar.

Fue en esta época cuando se levantaron gran parte de los edificios art decó del barrio de moda de comienzos del siglo XX que, no obstante, luce actualmente esa decadencia especial y romántica que sigue enamorando a muchos que deciden pasear por sus calles. En este barrio, que se extiende al este de la medina, destaca el parque de la Liga Árabe plantado en 1918, la Villa de las Artes con un jardín de 2.500 metros cuadrados y exposiciones temporales de artistas marroquíes contemporáneos o la plaza de Mohammed V en la que se encuentra la Prefectura o Wilaya de 1937, en la que los trabajos de restauración han revalorizado sus artesonados de madera, sus coloridos mosaicos y sus adornos de cuero, que completan un espléndido triple patio central que cuenta con un jardín tropical.

Mosaicos de la Mezquita de Hassan II

Mosaicos de la Mezquita de Hassan II

Otra zona de Casablanca donde el turista puede disfrutar de un agradable paseo es la antigua medina, cuyas murallas fueron reconstruidas en 1770 por el sultán Mohammed Ben Abdallah. Uno de los lugares más carismáticos es Sgala, un antiguo bastión convertido en restaurante que ofrece una impresionante vista de la medina y su puerto. También llama la atención en la antigua medina el faro El Hank construido en 1920, la animada plaza de la Comedia, el santuario de Sidi Kairouani o la Bab El Mersa, una monumental puerta que despide a los visitantes de la medina.

Menos llamativa es la nueva medina, aunque aquí se encuentran muchos comercios de artesanía, por lo que quienes deseen comprar un regalo tienen en el barrio de los Habous, en el sur de la ciudad, su sitio. Quien se acerque hasta aquí no puede dejar de visitar la mahkama del pachá, un edificio de estilo hispano-morisco totalmente construido en mármol y madera y que servía de tribunal musulmán.

Casablanca es también compras, lujo y ocio. Bien lo saben los comercios del barrio de Mâarif, una antigua zona muy humilde que se ha reinventado para acoger comercios de lujo de firmas internacionales entre los que sobresalen las torres gemelas del Twin Center.

Antes de dejarse ver por esta glamurosa zona, son muchos los que se pasean por las acogedoras playas de Casablanca, las piscinas artificiales con agua de mar o las terrazas de los numerosos cafés. A algo más de 20 kilómetros se encuentra la estación balnearia de Mohammedia de moda con un puerto deportivo, varios hoteles de lujo, discotecas y un campo de golf (hay otros tres en Casablanca. Royal Golf de Anfa, Royal Golf Universitario de Settat y Bouznika Bay, que cuenta con iluminación nocturna).

Como gran ciudad que es, moverse por Casablanca puede resultar muy caótico y desesperante. Las avenidas suelen estar congestionadas de coches, aunque la oferta de transportes públicos permite elegir entre varias alternativas: taxis rojos con taxímetro, autobuses, tranvía, metro y trenes de cercanías. Además, cuenta con el aeródromo más importante de todo el Magreb, el aeropuerto internacional Mohammed V, situado a 30 kilómetros del centro de la ciudad.

Casablanca, cuya población ronda los cinco millones de habitantes con los barrios periféricos, es una buena lección de que la modernidad y la historia no están reñidas.



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