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04 Ene
2011

Agadir, capital turística de Marruecos

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Son muchas las personas que afirman que Agadir es la auténtica capital turística de Marruecos, aunque su fama quizá sea menos que otras localidades del reino alauita como Casablanca, Fez, Marrakech o Rabat, la verdadera capital del país. Sea como fuere, lo que está claro es que Agadir puede ofrecer a los visitantes un combinado completo de sol, cultura, servicios e historia que pocas ciudades pueden reunir.
Esta localidad, capital de la provincia del mismo nombre y con casi un millón de habitantes, ha formado parte de muy diferentes gobiernos a lo largo de su historia de poco más de 500 años. Fue fundada por los portugueses; pocos años después pasó a formar parte de los saaditas y en la primera mitad del siglo XX perteneció a los franceses. No fue hasta 1956 cuando pasó la soberanía a Marruecos, quien ha sabido explotar su situación geográfica a orillas del océano Atlántico como uno de sus principales reclamos turísticos.

Situada a unos 600 kilómetros al sur de Rabat y a unos 270 kilómetros de Marrakech, Agadir, que cuenta con aeropuerto propio a unos 22 kilómetros, el de Al Massira, tiene la fortuna de estar encuadrada en una zona de bellos paisajes, con sus playas, estuarios, reservas de flamencos rosas y mirlos negros y bosques de arganes. Los amantes de la naturaleza no se sentirán defraudados si deciden acercarse hasta esta región marroquí.

Mezquita Loubnan

Mezquita Loubnan

Sin embargo, su fama principal le viene de sus nueve kilómetros de playa. Sus 300 días de sol al año permiten poder disfrutar de sus arenales tanto en verano como en invierno, lo que ha hecho que sea un destino muy demandado en todas las épocas del año, ya que la ciudad ha sabido reforzar sus recursos naturales con buenas instalaciones que hacen cómoda y satisfactoria la visita. Así, aunque la oferta es para todos los bolsillos, destacan los hoteles de gran lujo que recuerdan las historias de “Las mil y una noches” o los exclusivos centros de talasoterapia que miman a sus clientes con sus tratamientos.

Agadir, que es miembro del prestigioso club de las más bellas bahías del mundo con un puerto deportivo para cientos de barcos de recreo, es playa, pero también es mucho más. En la propia zona de playas se encuentra un teatro al aire libre y el museo municipal Bert Flint, que cuenta con una destacada colección de objetos tradicionales del sur de Marruecos, concretamente del valle del Sous y del Sahara, reunida por el historiador de arte holandés Bert Flint.

Además, quien no sólo quiera disfrutar de su fina arena también puede pasear tranquilamente por la ciudad, descubriendo lugares muy interesantes. Uno de ellos es su Kasbah, ciudadela amurallada que, a 236 metros de altitud, ofrece una de las mejores vistas de la ciudad, sobre todo al atardecer.

Vista de Agadir

Vista de Agadir

Como ciudad árabe que es, no puede faltar una medina en la que pasear, ir de tiendas, relajarse en un hammam o tomar un café al estilo tradicional. Agadir sufrió un terrible terremoto el 29 de febrero de 1960 que destruyó gran parte de la ciudad, en la que se incluye su antigua medina. Las autoridades no quisieron privarse de contar con una y, por este motivo, encargaron en la década de los 90 del siglo pasado al arquitecto italo-marroquí Coco Polizzi que diseñara una nueva pero siempre con inspiración medieval. Así, construyó una medina con 12.000 metros cuadrados de callejuelas que se distribuyen junto a la muralla de la ciudad, un lago artificial con una cascada y dos hectáreas de zonas verdes. Coco Polizzi respetó el espíritu del pasado y todas las tiendas y casas fueron levantadas con materiales tradicionales (piedra, barro, tierra, madera, etcétera) y mantienen las líneas de la arquitectura antigua en una zona en la que están instalados 180 artesanos.

Por su parte, las amplias avenidas de la ciudad moderna alternan con zonas peatonales que cuentan con restaurantes, comercios y tiendas de artesanía. Aquí también se encuentran el edificio central de Correos y el Ayuntamiento, obras del arquitecto Zewaco, así como un conjunto monumental en el que destaca el Tribunal y, frente a los hermosos jardines de Ibn Zaidoun, el cuartel de bomberos, en el que sobresale su torre de entrenamiento.

Cuando cae la noche, Agadir no pierde un ápice de su vitalidad. Pasear por el puerto deportivo es una de las actividades favoritas, sobre todo porque permite sentarse en uno de sus restaurantes para disfrutar de excelentes platos de pescado o marisco fresco a la parrilla. Pubs, una docena de discotecas y hasta dos casinos completan la oferta de ocio nocturno que se encuentra animada hasta bien entrada la madrugada.

Practicar golf, equitación o deportes acuáticos, visitar el zoco El-Had con su amplio mercado de alimentos o hacer turismo en ciudades cercanas como la amurallada Taroudant completan la visita a Agadir que no decepcionará a quienes estén buscando pasar unos días inolvidables en Marruecos.



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