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Información de Israel


Nada más rebasar la frontera entre Occidente y Oriente, la atención se detiene en Israel, cuna de religiones y mezcla de culturas que se convierte en una maravillosa alternativa para el viajero que busque nuevas experiencias. A continuación se descubren los rasgos principales del país en que, dicen, nació Jesucristo.

 

Situación geográfica

mapa_israelIsrael es uno de los países más mediterráneos de Oriente Próximo: buena parte de su alargada y estrecha superficie se ve influenciada por el mar, que baña prácticamente todo su lado oeste. Al norte, el estado limita en cambio con Líbano, al este con Siria, Jordania y Cisjordania, y a sur-suroeste con Egipto. Entre este último y el Mediterráneo se sitúa la Franja de Gaza, con la que Israel comparte una sección de la costa.

 

Geografía del país

A nivel visual, la superficie israelí puede encontrar un símil en la forma de una daga, con un mango estrecho en su parte más septentrional, y una forma triangular que empieza en el centro del país y poco a poco se va estrechando hasta llegar a su afilada punta, resultante en el puerto de Eliat del Mar Rojo.

A tan peculiar forma le acompaña una gran variedad geográfica, que distingue tres regiones paralelas (que atraviesan todo el país de norte a sur) y una zona desértica que toma el relevo desde el final de las mismas hasta más allá de las fronteras meridionales. En primer lugar se encuentra la planicie costera mediterránea, la vertiente de la costa de Israel que debido al contacto con el mar, posibilita una geografía marcada por terrenos fértiles (es la principal fuente agrícola del país) que se adentran 40 kilómetros a la derecha, hacia el interior. Pese a que, al norte, la franja mediterránea consta de accidentados promontorios que caen sobre el mar, por lo general se trata de la zona más habitable y efectivamente habitada de Israel.

Más al centro, destaca la cordillera central, una imponente sucesión de cadenas montañosas que secciona verticalmente el país y va a parar allí donde comienza el mismísimo desierto. Llegando a alturas de más de 2000 metros, diversas formaciones se convierten en interesantes reclamos naturales, como los Altos del Golán al noroeste (antiguas formaciones volcánicas entre las que destaca el monte Hermón, el más alto de Israel con 2800 metros), los montes de Galilea (más bajos, entre 500 y 1200 metros sobre el nivel del mar) o los montes de Néguev, a los pies del desierto homónimo. Semejante cordillera se ve inesperadamente bloqueada hasta en dos ocasiones por el valle de Jzreel (o llanura de Esdrelón) y la depresión de Beerseba, y entre ellos y la alta precipitación que registran, se conforma un paisaje verde y vivo, agrícola y turista a partes iguales.

Tercero en discordia, en el extremo más oriental de Israel se encuentra el valle del Jordán, famoso por ser la depresión más profunda de todo el planeta. Su existencia se debe a los movimientos tectónicos que fueron dibujando la superficie de la Tierra en sus orígenes; en concreto, este valle se encuentra en la depresión sirio-africana, por lo que recorre toda la frontera este (y se pierde varios kilómetros más allá). Su presencia permite a Israel contar con una limitada pero relevante presencia de agua: por supuesto, el protagonista absoluto de este apartado es el río Jordán, que arranca en el monte Hermón y recorre el país con sus 360 kilómetros de largo, hasta desembocar en el Mar Muerto. Todo lo visto hasta ahora tiene su contrapunto en las regiones áridas del estado, que abarcan más de la mitad de su superficie y tienen, en Néguev, su principal reclamo. Se trata de una llanura que alterna su homogeneidad con montes calcáreos, y que se extiende por buena parte de la vertiente sur de la zona.

 

Clima

Atendiendo a los mapas, Israel se encuentra en una zona de máxima confluencia: por un lado, las aguas del mar Mediterráneo bañan buena parte de su terreno, mientras que el resto se ve rodeado de desiertos africanos y asiáticos. Por su parte y pese a sus reducidas dimensiones, su geografía goza a la vez de altas montañas y profundos valles, de ríos y llanuras áridas, y de zonas sumamente fértiles y otras imposibles para la vida.

A nivel de climatología, eso significa una gran variedad: si en el oeste se registran las características de climas mediterráneos (calor y humedad), en el lado opuesto las sensaciones son típicamente continentales. De este modo, no es en absoluto extraño que en verano se alcancen temperaturas de lo más elevadas, mientras que en invierno bajen vertiginosamente. A grandes rasgos, se pueden distinguir dos estaciones, una lluviosa (de octubre a abril) y otra más seca (tanto que, realmente, el país llega a tener serios problemas de sequía). Pero aun así, las diferencias entre una zona y otra se notan, especialmente en invierno: así como es habitual ver lo más alto del monte Hermón siempre cubierto de nieve, también lo es registrar temperaturas muy frías en la capital, Jerusalén, tanto que la nieve suele dejarse ver en los meses más intratables. En cambio, las ciudades mediterráneas no se diferencian demasiado de otras zonas del planeta con costas en el mismo mar, mientras que en el Golfo de Eilat, al sur del lugar, el clima es tropical seco.

 

Gastronomía

Este es, sin duda, uno de los aspectos más fundamentales del país. Desde siempre, Israel se ha caracterizado por una gran variedad de culturas, ha recibido influencias de todas partes del mundo por su contacto con Occidente y Oriente, con África y con el mar Mediterráneo, y ha obtenido de todo ello una mixtura de religiones (los judíos conviven con emigrantes de los lugares más diversos), folklores y, por supuesto, gastronomías. A día de hoy, por lo tanto, conviven planos locales con variedades de todos los lugares, por lo que ya no resulta demasiado fácil afirmar que el falafel (albóndigas a base de garbanzos), el humus (puré de garbanzos), el tahini (salsa de sésamo) o el cuscús sean lo más típico del país.

Allá donde se dirija la vista, se hallará un establecimiento de comida rápida, una pizzería, un japonés o una hamburguesería, además de numerosos bares o cafeterías. En todo caso, los cuatro platos recién citados siguen siendo sus principales abanderados, y a ellos se acompañan otras especialidades como el shishlik (brocheta de carne), el shwarma (carne en pan de pita), y alimentos lácteos varios; todo ello elaborado con los productos que propicia el mar por un lado (aceite de oliva, pescado…), y con sus frutas y hortalizas por el otro, de los que Israel goza de una gran riqueza. Ahora bien, a toda esta variedad se contrapone el concepto del kosher, término por el que se indican todos los platos autorizados por la ley judía, y que entre otras cosas prohíbe mezclar productos lácteos con la carne, y comer marisco y cerdo. Hay que prestar atención, por lo tanto, al tipo de menú que ofrezca el restaurante elegido para saciar el hambre, que bien puede ser menú judío o no.

Además, los restaurantes kosher tienen unos horarios atípicos para el turista ajeno a la cultura judía, al cerrar desde el viernes por la tarde al sábado por la noche (o, directamente, el mediodía del domingo) para celebrar el Shabbat. Por su parte, el resto de establecimientos suelen abrir de la mañana a la noche, respondiendo a las costumbres de la población (muy similares a las nuestras), y no son pocos los que cuentan con un bar nocturno, por lo que no encontrará demasiadas dificultades el que quiera comer algo en cualquier ciudad del estado israelí.

Vinos

Son varias las bebidas nacionales típicas: están los zumos de frutas, las cervezas Gold Star y Maccabe o el Sabre (licor de chocolate y naranja); pero una mención aparte merecen los vinos israelitas, presentes en la historia local desde hace 3000 años y formando siempre una parte activa tanto de su cultura como de sus celebraciones. A día de hoy, en el país conviven infinidad de bodegas y productores de vino, que se distribuyen principalmente por seis zonas especializadas como son Galilea, los montes de Judea, Sansón, la llanura de Sharon, los Altos del Golán y Carmel. Las últimas dos son las mejor valoradas tanto por propios como por extraños.

 

Qué comprar

Su confluencia de culturas hace de Israel un lugar ideal para comprar detalles que sirvan como recuerdo del viaje, tarea que puede servir además para conocer más a fondo costumbres y personalidades de su gente: en función de las creencias de sus dueños, algunas tiendas abren los viernes pero no los sábados (respetando el Sabbath), mientras que las tiendas árabes permanecen abiertas los sábados, pero cierran los viernes.
El domingo, por tanto, es el único día en que se tiene la seguridad de que todo establecimiento vaya a estar abierto. Y no sólo eso, el ancestral juego del regateo se debe llevar a cabo antes de adquirir cualquier producto, lo cual hace de ir de compras una experiencia inolvidable, pintoresca, y más que saludable para el bolsillo.

Desde luego, la oferta es enorme. Si se opta por un recuerdo de corte místico, se pueden adquirir cerámicas decoradas con motivos religiosos, reproducciones en madera, o más concretamente, elementos del judaísmo: el Challah (o Matzah) es la tela que sirve de adorno para cualquier celebración religiosa; el Menorá es el candelabro icónico; y los Talit son los chales de las celebraciones de Bat Mitzvah. Objetos típicos más mundanos también pueden suponer un buen recuerdo. Suvenires tales como figuras de madera de olivo, antigüedades, prendas de ropa (con especial interés por las trabajadas en cuero) o joyas.

En este último apartado, Israel destaca por su materia prima y el trato que esta recibe: malaquita, cristal y sobre todo diamantes, son los protagonistas de una larga tradición en dicha especialidad, que ha hecho del país que nos ocupa uno de los mayores exportadores. Finalmente, también es habitual hacerse con recuerdos del Mar Muerto de la más variada gama (cremas y demás), u optar por un surtido de especias, dulces, tés, o cualquier otro alimento característico.

 

Moneda

El nuevo shékel es la moneda oficial de Israel desde 1985, aunque gran parte de las transacciones monetarias pueden realizarse en euros o dólares. A día de hoy, un nuevo shékel equivale a 0,20 euros, y a unos 0,30 dólares norteamericanos.
Actualizado ( Sábado, 17 de Septiembre de 2011 09:45 )
 

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