18 Dic
2010

Templo de Zeus en Atenas

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El Templo de Zeus Olímpico, situado en Atenas, capital de Grecia, ciudad más grande del país y cuna de la civilización occidental, fue el mayor templo helenístico de Grecia y sigue siendo hoy en día uno de los mayores y más atractivos reclamos arquitectónicos de la Atenas clásica.

También conocido como el Olimpeion, este templo está dedicado al dios Zeus, conocido como Júpiter por los romanos, la deidad del cielo y del trueno, soberano de los dioses olímpicos, considerado por el poeta griego Homero el padre de los dioses y de todos los mortales. Este santuario se encuentra en la calle Amalias, en pleno centro de Atenas, a escasos quinientos metros de la Acrópolis y a unos 700 metros de la Plaza Sintagma, muy cerca asimismo de los Jardines Nacionales.

Templo de Zeus Olímpico

Templo de Zeus Olímpico

En total, siete siglos fueron necesarios para completar esta majestuosa obra de mayores dimensiones de todo el Peloponeso. Según el viajero y geógrafo Pausanias, autor de la detallada obra “Descripción de Grecia”, el templo habría sido erigido en el siglo VI por Deucalión, el antepasado de todos los griegos, pero los trabajos de construcción fueron paralizados antes de terminar tan colosal proyecto. Siglos más tarde, en el siglo II a.C., el arquitecto romano Decimus Cossutius retomó las obras por orden del rey Antioco IV Epifanes que anhelaba diseñar el templo más grande del mundo conocido. No obstante, a su muerte, de nuevo se detuvieron las obras, dejando el templo incompleto sin frontones y sin techo. Los trabajos de construcción se reanudaron finalmente en el siglo II d. C. y el templo fue terminado en el año 131 d. C. durante el reinado del emperador romano Adriano, gran admirador de la cultura griega que dedicó el templo a Zeus. Para ello ordenó construir una monumental estatua en oro y marfil del dios Zeus en la cella (sala principal dentro del templo griego o romano donde se situaba la estatua de la deidad en honor de la cual había sido levantado), con una réplica de sí mismo cerca de ésta de mismo tamaño. Por desgracia, en la actualidad no quedan restos de estas dos estatuas ni del interior del templo; se cree que fueron destruidos durante un terremoto que tuvo lugar en la Edad Media.

El templo fue construido en mármol del monte Pentélico, una colina situada al noreste de Atenas famosa por su mármol que destaca por su blancura uniforme con una inusual tonalidad que brilla a la luz del sol. Si bien en la actualidad sólo quedan en pie quince columnas de las 104 columnas originales de las que constaba este imponente templo (la decimosexta cayó durante un temporal en el año 1852 y todavía podemos verla yaciendo en el suelo), los restos que hoy en día podemos admirar dan buena prueba de las colosales dimensiones de la construcción; con unas medidas de 96 metros de largo por 40 de ancho, cada una de las 104 columnas de estilo corintio del antiguo conjunto medía 17 metros de altura, estando colocadas 48 en filas triples bajo los frontones y las 56 restantes en filas dobles a los lados. No es de extrañar pues que en las épocas helenística y romana fuese el templo más grande de toda Grecia. Con la construcción de este templo se utilizó por primera vez el capitel corintio, instaurando así un nuevo orden arquitectónico, el orden corintio, mediante una variante estructural en cuanto a la altura, forma y tamaño del capitel con respecto al orden jónico. Este hecho marcó el principio de la difusión de este orden en el arte romano, considerado el orden más elegante y decorativo de todos los órdenes arquitectónicos clásicos.

Horario y preciosEl horario de visita es de 8:00 h a 19:30 h en los meses de verano (de junio a octubre) y de 8:00 h a 17:30 h en invierno (de noviembre a mayo), de lunes a domingo. La entrada cuesta 2 €, si bien se puede coger un ticket combinado de 12 € que permite visitar además la Acrópolis, el Ágora antigua y el Ágora romana.

Como curiosidad, cabe mencionar que una ceremonia conocida como el Rito Ellinais tuvo lugar en el templo el 21 de enero de 2007 en honor a Zeus, llevado a cabo por un grupo de neopaganos helénicos y promovido por Ellinais, una organización del movimiento politeísta griego que ganó en 2006 una batalla judicial para obtener el reconocimiento de las antiguas prácticas religiosas griegas.

Aún quedando pocos vestigios de este impresionante templo ateniense, uno de los más grandes de la antigüedad (incluso mayor que el célebre Partenón), éstos son suficientes para que siga siendo una de las obras más visitadas del mundo entero como maravilla arquitectónica de la época de la Antigua Grecia y para recordar al viajero que ciertas obras son inmortales y que perduran a través de los siglos como testigo siempre vigente de su esplendor y magnificencia. Y es que, como decía el escritor Henry Miller en su obra “El coloso de Marusi” de 1941 tras un viaje por Grecia “Me gusta el deterioro de las ruinas, el caos, la erosión, el carácter anárquico del paisaje…”. Y es que las ruinas atemporales muchas veces saben hablar al visitante extasiado para transformarse en su mente en la realidad palpable de una historia que jamás será olvidada.



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