17 Jun
2015

Mitología griega: Apolo

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Hoy continuamos la serie del blog de Gretur Viajes dedicada a rememorar a los dioses de nuestros antepasados con uno de los más conocidos de la mitología griega, Apolo. Y es que Apolo o Apollon fue uno de los dioses más “populares” primero de los griegos y luego de los romanos. Hijo de Leto y del poderoso Zeus, hermano gemelo de la bella Artemisa, guapo, deportista, joven, encantador y poseedor de unos atributos casi humanos que provocaron que su nombre se utilizara para denominar a los hombres guapos y elegantes de épocas posteriores. Hoy en el blog de Gretur vamos a conocer un poco mejor al dios que ha enamorado al mundo entero, el apolíneo Apolo.

Cuenta la leyenda…

Para conocer el origen del dios Apolo en la mitología griega tenemos que retroceder en el tiempo hasta la mitología etrusca, una cultura de la que los griegos tomaron mucho más de lo que creemos hoy en día. Para los etruscos el bello y joven Apolo se llamaba Apulu y era un dios poderoso y bien musculado. En la iconografía griega el vasto Apulu afinó sus rasgos, perdió parte de su estampa viril y adquirió esa belleza etérea que tanto valoraban los antiguos.

Apolo es uno de los dioses más nombrados por la Ilíada griega quizá por ese aura de bondad suprema que le acompañó desde su nacimiento, un reflejo de sol, luz, vida y bienestar que perduraría a lo largo de los siglos. Pero este dios, primero etrusco y luego griego, simbolizaba mucho más que la luz. Él era, también, el dios que protegía de las enfermedades, el que curaba el alma y el cuerpo, el que imbuía de inteligencia, razón y ecuanimidad a sus seguidores. Todos estos atributos positivos tenían que reflejarse en la imagen que se proyectó de este dios olímpico tan querido. Así, las representaciones que nos han llegado de Apolo son siempre amables: un joven en la plenitud de su vida y su fuerza, delgado pero fuerte, vestido sencillamente pero con elegancia, llevando a veces una lira para cantar sus emociones y acompañado de algunos de los animales más simbólicos de la mitología griega como son el grifo - botín de guerra de una de las aventuras de Apolo en Grecia, la serpiente - símbolo de la regeneración y la juventud eterna con sus mudas de piel - y el cuervo, símbolo del futuro pero también alado ser que le contaba a Apolo todo lo que sucedía en la tierra de los humanos.

Obras dedicadas a Apolo:

Como adelantábamos en párrafos anteriores, las imágenes -estatuas, pinturas, grabados…- que nos legaron los artistas sobre el dios Apolo muestran siempre la mejor cara de este amado dios. Veamos dos de las muchas muestras que podemos disfrutar en los museos y galerías de prácticamente todo el mundo.

“Estanque de Apolo”

Los dioses griegos se han representado de miles de formas, en grabados, pinturas, mosaicos, relieves, monedas, pinturas o esculturas, pero Apolo es uno de los pocos a los que se ha dedicado un estanque completo y hasta una gruta. El llamado estanque o pileta de Apolo es uno de los destinos turísticos imprescindibles de los conocidos Jardines del Palacio de Versalles, en Francia. Los diseñadores de esta maravilla paisajística veían a Apolo como el dios solar reflejo del rey de la época, Luis XIV y plasmaron esa adoración en diversas representaciones escultóricas y pictóricas que merece la pena visitar.

“Apolo de Belvedere”

Una de las representaciones de Apolo más conocidas a nivel internacional es el llamado “Apolo de Belvedere” o “Apolo Pitio“. Durante muchos años esta representación del dios más bello del Olimpo simbolizó la perfección física del ser humano para la civilización occidental. En ella se muestra a un alto joven desnudo, con los hombros cubiertos por un suave manto, con uno de los pies adelantados y con un carcaj lleno de flechas en su espalda. Cuando se redescubrió, a la estatua de Apolo le faltaban las manos, un detalle que disparó las elucubraciones de los expertos acerca de los adminículos que portaba el bello dios.
Aún hoy se desconoce el origen de esta estatua que comenzó a exponerse en el lejano año de 1511, pero las voces expertas afirman que se trataría de una copia romana de un original griego actualmente destruido. La exquisita estatua de mármol de más de 2 metros de altura se puede contemplar actualmente en el Museo Pío Clementino de la Ciudad del Vaticano.

Imagen:«Grotte de Thétys-groupe centrale» por Jan EDELINCK (vers 1643-1680) graveur ; François GIRARDON (162801715) et Thomas REGNAUDIN (1622-1706) sculpteurs - see below. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.



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