25 Jun
2011

La Acrópolis de Micenas

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Determinante en la evolución histórica y cultural de Grecia, la Acrópolis de Micenas constituye una importantísima pieza arqueológica para reconstruir el pasado de una de las civilizaciones más influyentes de la humanidad. Aunque no existen datos concretos, se cree que la - también - denominada “Ciudad Alta” fue fortificada en el año 1500 a.C, aproximadamente. Situada a unos escasos 90 kilómetros al sudoeste de Atenas, en el noreste de la Península del Peloponeso, muchos especialistas consideran que uno de los motivos principales de su éxito fue precisamente la ubicación geográfica.
La preponderancia de esta polis entre 1600 y 1000 a.C. fue tal que ese lapso se conoce como Período Micénico. Actualmente, el yacimiento arqueológico ofrece diversos atractivos para la gran cantidad de turistas y viajeros que cada año indagan acerca de la rica historia griega. El más renombrado es la Puerta de los Leones, una imponente obra arquitectónica construida cerca de 1250 a.C. La misma consta de dos leones rampantes, símbolo del enorme poder que representaba Micenas en esa época, y hace de ingreso al interior de la acrópolis. Una vez dentro, rápidamente pueden verse las tumbas reales, lógicamente destinadas a la familia real que residía en la ciudad.
A propósito, otro de los monumentos que no pueden perderse quienes visiten este sitio es el Tesoro de Atreo, también conocido como Tumba de Agamenón. La referencia es para la tumba abovedada más impactante de Grecia, señalada por los estudiosos como una obra del arte creto-micénico, característico del segundo milenio a.C.. Bien al estilo mediterráneo, está compuesta por dos cámaras (la más grande es la “falsa bóveda”) y cuenta con un corredor previo. Descubierta en 1876 por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, quien inicialmente no logró percibir que se trataba de una tumba, la historia se la correspondió a Atreo, padre del Rey Agamenón, líder de los aqueos en la guerra contra Troya. En ese mismo sentido, el investigador germano halló la famosa Máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro que, según estudios, se remontaría a 1500 a.C.; por lo tanto, sería anterior a Agamenón.

La Puerta de los Leones

La Puerta de los Leones

Los muros de la acrópolis (nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), que oficiaban de protectores para los fabulosos palacios erigidos detrás, fueron reconstruidos alrededor de 1350 a.C. En esa ocasión, los bloques de piedra utilizados eran tan grandes que el trabajo fue asociado a los Cíclopes, una raza de gigantes que, según la interesantísima mitología griega, llamaba la atención por tener un solo ojo en el medio de la frente. De ahí, el llamado “estilo ciclópeo”. Con relación a los mencionados palacios, en ellos sobresalían los emblemáticos megarones. Estos amplios salones albergaban banquetes, rituales, huéspedes y también otras cuestiones, dependiendo de la época. Así, el paso del tiempo erradicó las similitudes iniciales entre un Megarón clásico y un antiguo templo griego.

Cuenta la historia que el poder reinante por parte de la civilización micénica quedó devastado por una invasión de los dorios, en 1200 a.C, a la que algunos analistas ponen en duda. Desde ese momento y aproximadamente hasta 1100 a.C., etapa conocida como Edad Oscura, el período micénico fue recordado a través de la literatura y el arte. Pese a que la acrópolis fue habitada otra vez, un tiempo más tarde, la idea de recuperar el poder ejercido anteriormente se convirtió en una utopía. En 468 a.C., las tropas de Argos (la ciudad más antigua de Grecia) desterraron a los habitantes de Micenas después de imponerse en una guerra. Tras un largo abandono del lugar durante el Imperio romano, las primeras excavaciones registradas en la zona estuvieron a cargo del arqueólogo griego Kyriakos Pittakis y datan de 1841.
Si bien el liderazgo general era propiedad de Micenas, ésta se encontraba rodeada y firmemente secundada por las ciudades de Tirinto, Pilos, Orcómeno, Yolcos y Gla. Indudablemente, la unión y la estricta organización fueron dos de las claves a la hora de argumentar el dominio ejercido por esta civilización a lo largo de prácticamente todo el sur de Grecia.


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