08 Ene
2013

Plaza de Cibeles de Madrid

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Estatua de la diosa Cibeles

Estatua de la diosa Cibeles

El cruce del Paseo del Prado con la Calle de Alcalá y el Paseo de Recoletos, en el centro de la ciudad de Madrid, encuentra al que muchos consideran el sitio más simbólico y representativo de la capital española. La cita es para la emblemática Plaza de Cibeles, cuyo elemento de mayor importancia es la fuente homónima, diseñada -bajo la orden del Rey Carlos III- por el célebre arquitecto español Buenaventura Rodríguez Tizón (Ventura Rodríguez, para el conocimiento popular) y esculpida en mármol, en el año 1782; el proyecto fue llevado a cabo por los escultores Francisco Gutiérrez Arribas (español) y Roberto Michel (francés), con la colaboración del pintor español Miguel Ximénez. Asimismo, las cuatro esquinas de la plaza albergan edificios tan antiguos como significativos desde el punto de vista arquitectónico y cultural.

Insignia entrañable del pueblo madrileño, la Fuente de Cibeles reproduce la figura de -precisamente- Cibeles, diosa de la Madre Tierra desde el Neolítico en el territorio que hoy corresponde a la Región de Anatolia, Turquía. En esta obra, que recién fue trasladada al centro de la plaza en 1895, Cibeles (esposa de Crono en la mitología griega) se halla en un carro, posado sobre una roca y tirado por dos leones, acompañados de manera casi imperceptible por una culebra y una rana, y sosteniendo las llaves de la ciudad. En su conjunto, el trabajo tiene unos ocho metros de altura y aproximadamente 32 de diámetro.

A partir de la intervención del Ayuntamiento de Madrid en la cuestión, la fuente dejó de cumplir el papel de sus orígenes, cuando abastecía de agua a los habitantes de la ciudad, para adquirir una función que con el tiempo se fue aferrando más a las costumbres, las tradiciones y al día a día de los madrileños. Una de las restauraciones, por ejemplo, incluyó el agregado de dos amorcillos, uno de los cuales se encarga de verter agua. En el actualidad, la fuente cuenta con varios chorros, surtidores, cascadas e incluso con un vistoso y atractivo sistema de iluminación.

Plaza de Cibeles

Plaza de Cibeles

Inicialmente llamada Plaza de Madrid, en 1900 recibió el nombre de Plaza de Castelar. Un tiempo más tarde, finalmente, fue bautizada con la denominación contemporánea. Se trata de un espacio de suma trascendencia tanto para los locales como para los turistas. Para los primeros es un lugar de paso durante gran parte de sus días y hasta de festejos; históricamente, allí celebran sus títulos los equipos de fútbol de la ciudad (Real Madrid y Atlético de Madrid), aunque la plaza también ha sido punto de confluencia para el desarrollo de numerosos actos, acontecimientos y sucesos de índole social y política. Y para los visitantes, lógicamente, constituye un roce con el arte, la cultura, las leyendas, la memoria y la esencia misma de Madrid, una urbe que siempre tiene algo más para ofrecer a los viajeros que se permitan explorarla.

A propósito de las mencionadas construcciones que la rodean, vale hacer un breve repaso por cada una de ellas. La más antigua corresponde al Palacio de Buenavista, que data de 1777 y en el presente aloja al Cuartel General del Ejército. Enfrente, erigido entre 1877 y 1900, surge el Palacio de Linares, de perceptible estilo neobarroco, donde los mitos y las fábulas en torno a espíritus y fantasmas lo han teñido con un manto de enigmas y misterios. Otro de los edificios es el Palacio de Comunicaciones (hoy, Palacio de Cibeles, propiedad del Ayuntamiento de Madrid y sede de la Alcaldía de Madrid), cimentado entre 1907 y 1919 con una marcada expresión ecléctica. Por último, hacer alusión al Banco de España, también de notorio perfil ecléctico; declarado Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico español, su construcción comenzó en 1884.

Si bien resulta imposible efectuar una afirmación tan terminante al punto de decretar a la Plaza de Cibeles como el sitio más emblemático de la ciudad, sobre todo en el marco de la riqueza inconmensurable que aglomera Madrid, sí se puede afirmar que ningún turista -por ningún motivo- debe perder la oportunidad de caminar por cada metro de este lugar, un auténtico fragmento de la historia más viva de la capital española.



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