13 Sep
2012

El Rastro de Madrid

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El Rastro de Madrid

El Rastro de Madrid

Símbolo de la historia y la cultura de Madrid, El Rastro es uno de los mercados al aire libre más importantes de Europa. Sus orígenes se remontan a los últimos pasos del siglo XV, cuando la zona del antiguo Barrio del Rastro empezó a alojar los primeros mataderos y las tenerías (curtiembres). Inicialmente era un sitio en el que se comercializaban objetos de segunda mano, aunque -con el correr del tiempo- la variedad de elementos ofrecidos se fue ampliando notablemente. En la actualidad, El Rastro funciona durante las mañanas de los domingos y festivos (en menor medida), concretamente entre las 9 y las 15 horas.

Declarado Patrimonio Cultural del Pueblo de Madrid en el año 2000, este imponente mercado se sitúa en el Barrio de Embajadores, ubicado en el centro de la ciudad más grande y poblada de España. Cerca de de 3.500 (máximo autorizado por las leyes municipales) puestos funcionan incesantemente a lo largo de las jornadas de los días indicados, vendiendo productos de lo más diversos: artículos antiguos (raros, de colección), mucha ropa (usada y nueva, para todos los gustos y estilos), perfumes, bisutería, plantas, utensilios de cocina, lámparas, libros, instrumentos musicales, velas, herramientas de trabajo, cerámicas, maderas, repuestos de automóviles, materiales relativos a la electricidad, cosméticos, objetos de decoración, discos de vinilo, accesorios informáticos, comics y artesanías de todo tipo, entre otras cosas.

Lo que no se permite de ninguna manera es la venta de alimentos para el consumo humano ni el tráfico de animales vivos. Por ello mismo, en las inmediaciones de este espacio hay una gran cantidad de bares típicos, tabernas y tascas que suelen estar altamente concurridos. Estos sitios son ideales para disfrutar unas tapas y una caña al paso, bien al estilo madrileño tradicional.

Chulapo vendiendo barquillos

Chulapo vendiendo barquillos

Si bien sus comienzos reales están asociados al período final del siglo XV y al inicio del siglo XVI, los documentos de la historia de Madrid hacen alusión al año 1740. A partir de esa época, el lugar fue ganando la fama de punto de encuentro para quienes se dedicaban a la compra, la venta, el cambio e incluso el trapicheo de diferentes objetos. Estas actividades comerciales se llevaban a cabo en torno al antiguo matadero, el “Matadero de la Villa”, sobre las aceras de la Calle Ribera de Curtidores (la vieja Calle de las Tenerías), en Lavapiés, el área más popular del anteriormente citado Barrio de Embajadores.

En el presente, el Ayuntamiento de Madrid se ocupa particularmente de controlar que se respete el número de puestos y sus tamaños, así como lo que se vende y dónde se vende. De esta manera, ayuda a mantener cierto orden y organización en una zona habitualmente convulsionada. En ese sentido, cabe remarcar la enorme asistencia (a veces llega a las 100 mil personas) con la que cuenta El Rastro cada domingo y día festivo, ya que son realmente muchísimos los visitantes que lo recorren, divididos entre fieles clientes, simples curiosos, viajeros de toda España y turistas del resto del mundo, sin importar edades, intereses ni condiciones económicas.

Puesto en El Rastro de Madrid

Puesto en El Rastro de Madrid

Un punto significativo y referencial con relación a la esencia misma del Rastro es la Plaza de Cascorro, la cual rinde homenaje a los héroes de la Guerra de Cuba (1898) que murieron precisamente en la pequeña localidad cubana de Cascorro. Allí está emplazada la Estatua de Eloy Gonzalo, que representa al soldado madrileño que fuera héroe de la mencionada Guerra hispano-estadounidense. Sin embargo, en los últimos tiempos, este espacio -lamentablemente- también fue noticia por la lucha del pueblo en contra del traslado del Rastro y de su respectivo nombramiento como Bien de Interés Cultural. Por fortuna, el final fue feliz. Miles de firmas y cartas desinteresadas expresaron el terminante rechazo popular a lo que hubiera sido una decisión verdaderamente incomprensible y absurda; un golpe a la historia y al patrimonio cultural de Madrid.

Lo cierto es que El Rastro está firme, como siempre. Y en su lugar de origen, tal como debe ser. Basta con dar una breve caminata por sus senderos y rincones para comprobar que se trata de una cita realmente inevitable para la agenda de cualquier viajero que pretenda conocer el linaje más auténtico y natural de la capital española.



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