10 Dic
2010

Complejo de Abu Simbel

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Situado a unos 250 kilómetros al suroeste de Asuán, Abu Simbel es, sin duda alguna, una de las joyas arqueológicas de Egipto, que nada tiene que envidiar a las famosas pirámides o a la colosal Esfinge. Es más, su buen estado de conservación hace que sea una de las visitas más impresionantes en el sentido de revivir la mágica esencia de este país milenario.
Declarados en 1979 por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación de Monumentos de Nubia de Abu Simbel a File, los dos templos, mandados construir por Ramsés II para celebrar la victoria en la batalla de Kadesh en el siglo XIII antes de Cristo contra los hititas, forman parte del museo al aire libre de Nubia y Asuán.

El mayor de los templos de Abu Simbel, que significa “padre de la espiga”, fue dedicado al culto del propio Ramsés II, puesto que no olvidemos que los faraones eran considerados dioses, aunque también se adoraban en este lugar a otras divinidades del Antiguo Egipto como son Amón, Ra o Ptah. Su construcción, que duró unos 20 años, tuvo el objetivo de impresionar a los pueblos del sur, enemigos del reinado de Ramsés II. Fue una suerte para la humanidad que el suizo Johann Ludwig Burckhardt los redescubriera en 1813, puesto que, como otras grandes obras egipcias, quedó enterrada por la arena del desierto durante siglos.

Complejo de Abu Simbel

Complejo de Abu Simbel

Sin embargo, este redescubrimiento no dio la tranquilidad a los templos de Abu Simbel, ya que tuvo que ser trasladado de su posición inicial ante el peligro de acabar bajo las aguas del Nilo. Ante la decisión de la construcción de la presa de Asuán y el lago artificial de Nasser y la consiguiente crecida del nivel del Nilo, se tuvieron que reubicar varios templos construidos en la orilla de este gran río. Una campaña internacional de recaudación de fondos, que juntó unos 36 millones de dólares, consiguió que entre 1964 y 1968 se movieran los dos templos de Abu Simbel unos 200 metros hasta una posición que cuenta con 65 metros más de altura. La obra de ingeniería fue espectacular, ya que se dividieron los templos en grandes bloques que fueron recolocados, pieza a pieza, en su nueva ubicación.

Después de este colosal traslado, ya se puede disfrutar de la visita a este complejo, cuya entrada conjunta cuesta 50 libras egipcias, algo más de 6 euros. El templo mayor es uno de los más monumentales de todo Egipto y el primer vistazo nos depara cuatro estatuas sedentes gigantes de unos 20 metros esculpidas en roca y que nos presentan al propio Ramsés II; sólo una de las cuatro tiene la cabeza muy deteriorada por culpa de un terremoto. La fachada es de 33 metros de altura por 38 metros de ancho, lo que da muy bien la idea de la magnitud de la obra de entrada que se completa con un buen número de estatuas más pequeñas a los pies de los cuatro grandes Ramsés y que representan a los miembros de la familia real. Además, en la parte derecha de la fachada, se encuentra una capilla abierta dedicada al culto del sol en la que había dos pedestales con imágenes de dioses que, en la actualidad, se encuentra en el museo egipcio de El Cairo.

El interior del templo mayor también sorprende por su belleza y cuidada decoración. La primera sala de 18×16 metros cuenta con ocho estatuas de Ramsés II que ha adaptado la forma de Osiris en las columnas, mientras que las paredes tienen escenas bélicas sobre las victorias egipcias contra países vecinos. El templo se completa con varias salas auxiliares también bellamente decoradas y entre las que destaca una segunda sala hipóstila con cuatro pilares decorados con escenas del faraón junto con varios dioses.

Sin embargo, la parte más importante del interior del templo mayor es su santuario que, en el fondo de la construcción, posee las estatuas de Ramsés, Ra, Amón y Ptah, todas ellas en posición sedente.

Lo más curioso de esta sala es el fenómeno solar que en ella se vive. Así, fue construida para que 61 días antes y después del solsticio de invierno (21 de octubre y 21 de febrero) las caras de Amón, Ra y Ramsés fueran iluminadas por el sol, mientras que la de Ptah, dios de la oscuridad, permaneciera en penumbra. Con la reubicación del templo, este fenómeno se produce el 22 de octubre y el 20 de febrero.
Aunque de manera artificial en esta ocasión, también merece la pena disfrutar del espectáculo nocturno de luz y sonido de unos 30 minutos de duración que se produce en los templos de Abu Simbel. Lo más recomendable es consultar con el guía o el hotel los horarios y los pases en diferentes idiomas para, de esta manera, adaptar el viaje al que más se adapte al gusto del turista, que puede entrar en el recinto para la visita normal de algo menos de dos horas en horario de 7.00 a 17.00 horas (también puede ser objeto de cambios, sobre todo si se trata de los meses de verano o de invierno).

Templo de Nefertiti

Templo de Nefertiti

Por su parte, el templo menor, que se encuentra al norte del mayor, está dedicado a Nefertiti, esposa favorita del faraón, y a Hathor, diosa del amor y la belleza. La fachada cuenta con cuatro estatuas de Ramsés II y dos de Nefertiti esculpidas en la roca y de unos 10 metros de altura. Estas figuras colosales están divididas en dos grupos de tres a cada lado de la puerta, estando las figuras de Ramsés II en los dos extremos a modo de protección de las cuatro estatuas de su mujer. Al igual que ocurre con el templo mayor del complejo de Abu Simbel, existen estatuas más pequeñas de príncipes y princesas.

La puerta de entrada, que fue decorada con escenas de ofrendas a la diosa Isis y el nombre del faraón, conduce a una sala de planta casi cuadrada (11×10,8 metros) con seis columnas centrales esculpidas con capiteles en los que se puede ver la cabeza de Hathor; la decoración de la sala muestra diferentes ofrendas de los faraones a diferentes dioses.

Como es costumbre en gran parte de los templos egipcios, al fondo se encuentra el santuario con una estatua de la diosa saliendo de la roca, mientras que otras salas están decoradas con escenas en las que se aprecia a Ramsés II y a Nefertiti ofreciendo sacrificios a los dioses. El templo también cuenta con dos salas sin decoración, que fueron destinadas, según los arqueólogos, como almacenes para guardar las ofrendas de los faraones.

Para llegar hasta Abu Simbel, se puede hacer en avión desde Asuán en uno de los vuelos diarios que dura apenas 45 minutos o en autobús en un viaje nocturno por el desierto, ya que se sale desde Asuán de madrugada. También es posible pernoctar en alguno de los pocos hoteles que hay en las inmediaciones del complejo de templos o realizar un crucero por el lago Nasser desde Asuán a Abu Simbel, en el que se visitan además otros templos.
Sea como fuera la forma de llegar hasta Abu Simbel, lo que no hay duda es que es muy recomendable acudir este lugar en una visita a Egipto, ya que es uno de los sitios arqueológicos antiguos que más sorprenden a sus visitantes.



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