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25 Feb
2015

Alejandría, la bella desconocida

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Una de las maravillosas ciudades del mundo antiguo que hemos perdido en el camino de la Historia es la protagonista de nuestro artículo de hoy: Alejandría, el centro vital de la cultura antigua y, también, el sueño hecho realidad de uno de los líderes más carismáticos del mundo: Alejandro Magno.

El origen

Si hace memoria, seguro que recuerda alguno de los datos que nos contaban en las clases de historia del colegio: Alejandro Magno - Alejandro III de Macedonia - discípulo de Aristóteles, hijo de la bella Olimpia y del feroz militar Filipo II, era víctima de una obsesión que él llamaba sueño: luchar y vencer a sus peores enemigos, los persas y ver renacer la cultura griega de la mano de la poderosa Macedonia.Cuando Alejandro llegó al trono inició una larga serie de batallas que le llevaron a Egipto. Y fue allí precisamente, a orillas del mágico Delta del Nilo donde fundó en el 331 .C., la ciudad que bautizaría con su propio nombre: Alejandría.

Una de las primeras obras que abordó Alejandro para consolidar la importancia de su recién nacida ciudad fue la creación de dos grandes puertos: el llamado Gran Puente y el Puente del Buen Regreso.

Estos puentes construidos por el famoso arquitecto Dinócrates de Rodas fueron el primer paso en la construcción de uno de los puertos mercantes más importantes de la antigüedad. A Alejandría llegaban embarcaciones y mercancías procedentes de todos los rincones del mundo: algodón y especias de la India, rica seda de China, carísimo bronce de España… Una riqueza mercantil que consolidaría a la bella Alejandría como la gran capital helenística hasta que desapareció bajo las aguas entre los siglos VI y VII de nuestra era.

El Faro

Con el paso del tiempo las calles de la bella Alejandría se llenaron de lujosos palacetes, plazas y templos, pero las obras arquitectónicas que más han perdurado en nuestra memoria colectiva son dos: el famoso Faro de Alejandría y la gran Biblioteca.

El Faro de Alejandría es una de las “Siete maravillas del mundo antiguo “. Fue construido en el año 247 a.C., en una isla situada justo enfrente de Alejandría y de la que tomaría el mismo nombre: Faro.

Se trata de una obra sumamente ingeniosa para la época. Según los datos encontrados por los arqueólogos, esta construcción octogonal se alzaba hasta alcanzar los casi 135 metros de altura, algo completamente sorprendente en aquellos años. Los materiales con los que se construyó el faro eran también reflejo del espíritu innovador de sus arquitectos: vidrio y mármol unidos con resistente plomo. En la cúspide del Faro se colocó una inmensa lámina de metal bruñido que reflejaba los rayos del sol para emitir las señales de navegación a los barcos. Por las noches el farero encendía una hoguera de tales dimensiones que su reflejo podía observarse hasta 50 kilómetros mar adentro.

Pero el Faro de Alejandría no solo era una colosal obra de la ingeniería vital para la navegación en las costas alejandrinas. Esta inmensa construcción llegó a ser el símbolo de la grandeza de esa mágica ciudad egipcia fundada por el gran Alejandro.

La Biblioteca de Alejandría

La Antigua Biblioteca de Alejandría o Biblioteca Real fue construida alrededor del siglo III a.C., por uno de los mejores amigos de Alejandro Magno y supuesto hijo ilegítimo de su padre, Ptolomeo I.

Según las distintas referencias que han llegado a nuestros días, este inmenso y rico edificio llegó a albergar más de 9.000 manuscritos. Hoy por hoy no se conserva ninguno de estos ejemplares; los romanos primero y los árabes después fueron robando y destruyendo estas inapreciables obras maestras símbolo de la grandeza alejandrina.

Investigadores de todo el mundo han sido fascinados por el enigma de la gran Biblioteca. ¿Qué sabios trabajaron en sus salas? ¿Qué datos históricos contenían los manuscritos perdidos? Pero lo único que se conoce con certeza a día de hoy es que hace muchos, muchos años existió una gran Biblioteca en la bella ciudad de Alejandro, un templo del saber en el que se depositaron valiosos manuscritos que se han perdido en el polvo del tiempo. El resto… es una utopía tan bella, quizá, como la propia Alejandría.

Imagen:
“PhareAlexandrie”PhareAlexandrie». Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons



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