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22 Dic
2010

El monasterio de Rila, la joya búlgara

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Misticismo, sabiduría, paz y reflexión son algunas de las sensaciones que se viven en el interior del monasterio de Rila. Estos sentimientos, sin embargo, se ven entremezclados, dependiendo de la época del año, con el bullicio de los turistas que se acercan a admirar una de las joyas de Bulgaria, que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983.

A unos 120 kilómetros de Sofía, se encuentra este impresionante templo en medio de las montañas del no menos impresionante parque nacional de Rila, un lugar tranquilo y especial, ideal para poder descansar y reflexionar. Así lo vio san Juan de Rila (880-946), un ermitaño cuyo verdadero nombre era Iván Rilski y que decidió retirarse en el siglo X a este lugar para meditar. Unas leyendas dicen que Rilski vivía en una cueva y otras, más disparatadas, en el interior del tronco hueco de un árbol, pero lo que está claro es que sus jóvenes seguidores construyeron aquí, a 1.147 metros sobre el nivel del mar, un monasterio que, sin embargo, sufrió una remodelación casi total de 1834 a 1862, debido a un terrible incendio.

Monasterio de Rila

Monasterio de Rila

Durante siglos, el primitivo monasterio, que está protegido por un muro de 20 metros de altura, fue creciendo en tamaño y popularidad y la tumba de Iván Rilski, que fue canonizado por la Iglesia ortodoxa, es una de las atracciones principales de este centro que cumplió un papel fundamental en la vida social, espiritual y, sobre todo, cultural en la Bulgaria medieval oprimida por los cinco siglos de ocupación del Imperio otomano.

El monasterio de Rila, el segundo gran templo de la Iglesia ortodoxa por detrás del monte Atos en Grecia, permanece activo. Los turistas se entremezclan con los monjes de largas barbas vestidos con túnicas y gorros negros que rezan, cultivan o leen en una paz que parece que no se altera, a pesar de los visitantes que “revolotean” a su alrededor. Es más, quien quiera vivir una experiencia absolutamente especial puede pernoctar en una de las 300 sencillas celdas con las que cuenta el monasterio.
Estas celdas tienen unas vistas inmejorables de las montañas de Rila y de la iglesia de la Natividad, que preside el centro de la plaza a la que rodea el propio monasterio. Se trata del mayor templo monástico de Bulgaria y su estructura armónica, con un conjunto de cúpulas y arcadas de colores, atrae a los visitantes.
Esta iglesia con cinco cúpulas bizantinas cuenta con unos murales, tanto exteriores como interiores, absolutamente espectaculares; buena parte de ellos son obra de Zahari Zograf, el pintor búlgaro del siglo XIX más importante, lo que le otorgaba el valor de firmar sus obras. Aquí aparecen escenas de la Biblia dibujadas siguiendo diferentes estilos de pintura de iconos desde el realismo europeo hasta el arte popular búlgaro. Aunque los murales interiores son bellos, son mucho más llamativos los que decoran la arquería de entrada a la iglesia, en los que se representan, con todo lujo de detalles, a los pecadores en una visión apocalíptica del infierno.
No menos admirable es el iconostasio de la iglesia de la Natividad. Realizado entre 1839 y 1842 por tallistas de Samokov, mide 10 metros de ancho y está cubierto por pan de oro y decorada con imágenes de escenas bíblicas, elementos florales, personas y animales.

En el centro del iconostasio se encuentra otra de las joyas del monasterio de Rila y la que, probablemente, hizo que fuera creciendo su importancia dentro del país. Se trata de las reliquias de san Juan, tras cuya muerte se convirtió en todo un símbolo pues peregrinos de todo el país se acercaban hasta aquí, ya que se creía que tenía poderes sanadores. Es más, hay documentos que aseguran que, en el siglo XVI, se hizo una peregrinación por Rusia con la mano derecha de Iván Rilski, con el objetivo de recaudar fondos para el monasterio.
Otro de los puntos llamativos de la iglesia de la Natividad es la tumba del zar Boris III, que se encuentra en la parte derecha. La leyenda asegura que fue envenenado por los nazis en 1944.
Igualmente, en el centro de la plaza, en el lado izquierdo de la iglesia, se levanta la torre de Hreylo, la estructura más antigua que se conserva y que data de 1334. Tiene una pequeña capilla con frescos del siglo XIV que se abre, sólo en pocas ocasiones, al público.

Detalle del monasterio

Detalle del monasterio

Los pabellones con corredores de doble arcada que rodean a la iglesia también tienen lugares interesantes para los visitantes, que se pueden entrar desde las 7.00 hasta las 22.00 horas. Así, el museo del tesoro cuenta con varias piezas dignas de visitar, aunque la más destacada es, sin duda alguna, la cruz de Rafael, un monje que terminó esta obra en 1802 tras 12 años trabajando en ella. Igualmente, los turistas pueden visitar un museo agrícola y los antiguos hornos y cocina del monasterio.

El hecho de que el monasterio de Rila se encuentre a tan sólo 120 kilómetros de Sofía permite que pueda hacerse una visita de un día desde la capital. Hasta aquí se puede llegar en coche alquilado, aunque, en este caso, se recomienda estar equipado con un dispositivo GPS, pues las indicaciones son escasas y gran parte de ellas en cirílico. Más cómodo es acercarse con una de las muchas excursiones organizadas, en taxi o, incluso, mediante el autobús directo que todos los días, por la mañana, sale de la estación Ovcha Kupel.

El monasterio de Rila fraguó su importancia actual en el pasado, pero hoy, en el presente, sigue siendo uno de los lugares clave para los búlgaros. Quienes se animen a visitar este país tienen la posibilidad de conocer, entender y admirar lo que para sus propios habitantes es todo un símbolo de resistencia, cultura y fe.



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