03 Ene
2013

Dulces típicos de Argentina

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Pastelitos criollos

Pastelitos criollos

La gastronomía argentina se diferencia bastante de la del resto de Latinoamérica a partir de las marcadas influencias europeas, sobre todo procedentes de Italia. Del mismo modo, las raíces criollas e indígenas constituyen la otra parte importante en un país donde los platos más representativos y las costumbres en torno a la comida incluso son considerablemente distintos entre las diversas regiones. Cabe recordar que se trata de una nación con una enorme superficie en la que, naturalmente, pueden encontrarse climas muy disímiles. En esta oportunidad, haremos un repaso por algunos de los dulces y postres clásicos de la cocina argentina.

 

Dulce de leche:

Si bien existen muchísimas versiones con relación a su origen, esta popular jalea para la que tradicionalmente sólo se necesitan dos ingredientes (leche y azúcar) es apreciada como propia por cualquier argentino al que se le consulte. Según un relato escrito que se expone en el Museo Histórico de la Nación, el dulce de leche fue creado en 1829 a raíz del olvido de un jarro con leche y azúcar por mayor tiempo del indicado en el fuego. Eso provocó que el líquido se solidificara hasta alcanzar la consistencia de este manjar (así se lo denomina en algunos sitios sudamericanos) que prácticamente ha cruzado todas las fronteras posibles.

 

Pastelitos criollos:

Elaborados con una crocante masa hojaldrada, fritos en aceite de girasol y comúnmente rellenos con dulce de membrillo (dulce de batata, en su defecto), los pastelitos criollos conforman un clásico de los festejos que se viven en el país cada 25 de mayo; ese día -de 1810- Argentina logró la independencia de facto, declarada formalmente en 1816. Los pastelitos son el postre elegido para esta ocasión, al tiempo que el locro suele ser el plato principal.

 

Flan con crema y dulce de leche:

Aunque las raíces del flan en sí podrían remontarse a la época del Imperio romano, el flan con crema y dulce de leche (o bien con sólo uno de los acompañantes) es uno de los postres más tradicionales de la actualidad. Tal es así que es realmente difícil no encontrarlo en el menú de un restaurante, sobre todo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la capital argentina. La receta “original” consta apenas de huevos, leche y azúcar.

 

Mazamorra

Mazamorra

Mazamorra:

También consumida en otros países latinoamericanos, al igual que en España, las comunidades aborígenes de la Región Andina habrían sido las primeras en realizar este postre tan popular en diferentes latitudes. Maíz, azúcar, agua y vainilla son los ingredientes que se necesitan para la confección de la mazamorra argentina, la cual también suele tener leche y, a veces, canela. La mazamorra era un clásico de los tiempos coloniales; por ello, como sucede con los pastelitos, es habitual verla en los actos correspondientes al 25 de mayo y otras fechas patrias.

 

Arroz con leche:

Típico de otros tantos países, el arroz con leche es muy popular en el territorio argentino desde hace mucho tiempo. Su preparación requiere de la cocción del arroz en leche azucarada, siempre a fuego lento. Tiene la particularidad de que queda muy bien tanto frío como caliente, mientras que se le puede agregar vainilla, canela y hasta un toque de alguna cáscara cítrica como la del limón.

 

Pastafrola:

Esta especie de torta (o tarta) casera está compuesta por una masa que habitualmente se recubre con dulce de membrillo (dulce batata y dulce de leche son las otras variantes), muy presente históricamente en los dulces argentinos. Se cocina al horno y es ideal para acompañar el mate en la merienda y el desayuno. Además, es común encontrarla en cumpleaños o reuniones familiares. También forma parte de las tradiciones culinarias de otras naciones del sur de Sudamérica y sus orígenes están claramente relacionados con la crostata, una típica tarta italiana.

Postre vigilante

Postre vigilante

Postre vigilante:

Y si de tradición se trata, resulta inevitable la mención de este auténtico clásico de los argentinos. El postre vigilante sólo se compone de una rebanada de queso fresco (o mantecoso) y otra de dulce de membrillo, que bien puede ser reemplazado por dulce de batata o dulce de batata con chocolate. Su popularización data de alrededor del año 1920 y su nombre está asociado a un bar del barrio porteño de Palermo en el que paraban muchos policías, llamados “vigilantes” en la jerga de la calle. Se dice que las amas de casa de la zona les regalaban esta deliciosa combinación a los policías durante el horario de descanso. Aunque hoy no está de moda como en otras épocas, se mantiene consolidado entre los postres más característicos y propios de los argentinos.



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