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29 Nov
2015

Foto de la semana Subir a la montaña más alta. 30 noviembre-6 diciembre 2015

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Siempre me han llamado la atención las montañas; esos inmensos bloques blancos, verdes o marrones que, sin orden ni concierto, rompen horizontes, forman cordilleras, limitan regiones, comunidades y países, soportan el peso de las nubes, abrazan arco iris y, sí, también sirven para retar al diminuto ser humano a que alcance su cima. ¿Son meros relieves de una tierra siempre viva o… algo más? ¿Por qué un hombre o una mujer deciden dedicar cincuenta años de su vida a escalar el pico más alto? ¿Por qué coleccionan ocho miles como otros atesoran sellos? La fotografía que hemos elegido en Gretur Viajes para ilustrar nuestros pensamientos visuales de la semana está tomada en una de las cadenas montañosas más imponentes de ese país imponente llamado los Estados Unidos de América: las Montañas Rocosas de Colorado. La historia de Colorado es mucho más reciente que la cadena montañosa que salpica su paisaje: se “descubrió” en el siglo XVII por esos españolitos avezados que no se cansaban de arrebatar más y más tierras a los descreídos paganos de plumas en la cabeza y taparrabos minúsculos. Los conquistadores españoles de entonces eran tan imaginativos como el emprendedor de ahora que bautiza a su bar con el nombre de la calle que lo acoge y, así, llamaron a su nuevo hogar con el tono del color del rio que lo surcaba: Colorado.

Con el tiempo, las inmensas cimas de las Montañas Rocosas dejaron de servir de escenario de films y novelas míticas para convertirse en el sueño norteamericano de los fans del alpinismo: los catorce miles. ¿No te suenan? Se trata de una etiqueta mitad deportiva, mitad publicitaria que señala que los cincuenta y tantos picos de esas Montañas coloradas se elevan más de catorce mil pies, unos cuatro mil doscientos metros en román paladín. Pero realmente hoy no quería hablar de fechas, datos o cifras, sino hacerte una pregunta que no es tan simple como parece a simple vista: ¿Por qué el ser humano se empeña en alcanzar esas cimas que rompen las nubes?

Los alpinistas y montañeros más antiguos, quizá te enreden explicando la inmensa belleza salvaje que solo se puede advertir desde miles de metros sobre el nivel del suelo. Tal vez te intenten convencer de que cada montaña es un reino a conquistar, un reto que les hace “más hombres” o “más mujeres”. Otros hablan de sueños personales, de retos superados, de la emoción primigenia de alcanzar lo inalcanzable o, quizás, sentir esa comunión inexplicable con una naturaleza de la que sí, aunque ahora no nos lo parezca, seguimos formando parte.

Yo creo que la razón de subir a la montaña más alta es mucho más simple que todo esto. Más simple todavía que la famosa frase de subo la montaña porque está ahí. Francamente, creo que esos hombres y mujeres que pasan por mil penurias para hacerse una foto en el techo del mundo lo hacen… porque pueden. Querer es poder y poder es lo que realmente define al ser humano, una raza que sube y sube sin mirar atrás, sin dedicar un minuto a mirar a sus espaldas. ¿Es una decisión sabia? ¿Un gen del que no nos podemos librar? No lo sé, lo único que sé con certeza es que ojalá haya siempre un paracaídas que convierta nuestra caída en un precioso paseo por las nubes.

Redacción: Marta Barrero. MARAVEGA Comunicación.



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