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24 Nov
2011

El palmeral de Marrakech, afectado por el exceso de turismo

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El Palmeral de Marrakech

El Palmeral de Marrakech

Además de su fabulosa medina en la que se respira arquitectura, historia y espiritualidad a cada paso, la ciudad de Marrakech cuenta con la reconocida zona de Palmeraie, donde -tal como indica su nombre- conviven palmeras y desierto alcanzando un paisaje especialmente atractivo. Lo cierto es que, en los últimos años, se ha combinado una serie de factores que están complicando su estado de conservación.

En primer término, en este bellísimo palmeral prácticamente no existen límites con relación a las visitas turísticas, lo cual hace que sea verdaderamente difícil mantenerlo desde el punto de vista del orden y las cuestiones ecológicas. La escasez de agua en el área es otro de los grandes problemas que, inevitablemente, perjudican las condiciones de un sitio al que las autoridades deberían prestar mayor atención.

A los dos argumentos anteriores se suma el de la construcción, ya que el sector está evidenciando una urbanización importante que va de la mano con diversos proyectos turísticos que incluyen hasta la realización de campos de golf. Frente a todos estos asuntos, cada vez cuesta más llevar a cabo un cuidado concienzudo y reflexivo, sobre todo porque aparece el protagonismo de la ambición y ésta -en muchos casos- no mide consecuencias de ningún tipo.

Emplazado en el sur del Reino de Marruecos, el palmeral tiene más de diez siglos de antigüedad y una extensión de alrededor de 16 mil hectáreas. Cita ineludible para los visitantes de Marrakech y el país en general, en los últimos 20 años se ha evidenciado una pérdida del 30% de la superficie total. Si se los analiza con frialdad y consideración, dichos números se presentan verdaderamente alarmantes.

Si bien en 2007 las autoridades locales impulsaron un plan que pretendía la plantación de 430 mil nuevas palmeras, el constante desarrollo turístico requiere vastas cantidades de agua y, lamentablemente, los efectos quedan a la vista a partir de la notoria degradación del espacio verde. Claro que para todo debe haber una mirada optimista y en esta ocasión es clara: el cambio es posible y depende de los gobernantes, si es que efectivamente desean preservar este regalo de la naturaleza.



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