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28 Nov
2011

10 lugares románticos para no perderse en pareja

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Cada cierto tiempo, una pareja se merece algo de tiempo de calidad. Desconectar unos días del trabajo, de las rutinas y de todo en general, y fugarse a un lugar romántico. Para aquellas que planeen algo así se dedica este recopilatorio con los diez lugares más románticos del planeta.

 

París, la ciudad de las luces… y del amor

No hace falta decir que la que se define como ciudad más romántica del mundo es, en verdad, la ciudad más romántica del mundo: hasta la última de las esquinas de la capital francesa parece hecha para los amantes. Visitar París en pareja implica subir hasta el Sacré Coeur cruzando Montmartre a ritmo de melosas melodías de acordeón, mientras los pintores de la calle dan rienda suelta a su arte, y de las cafeterías y bollerías emanan aromas de crèpes y chocolate caliente; darse un paseo en barco por el río Sena que cruza la ciudad, y contemplar cómo relucen las maravillas arquitectónicas que se vuelcan sobre sus aguas mientras los últimos rayos de sol ceden su paso a la luna; cenar en un restaurante a la luz de las velas, con ventanales que permiten ver cómo se ilumina la Torre Eiffel llevando a la ciudad a un mundo de sueños y luces; e implica dormir en suites románticas que todos los hoteles, conocedores de las ventajas de la ciudad, tienen especialmente acondicionadas. En este sentido, la oferta es de lo más amplia. No hay establecimiento en París que no disponga de habitaciones pensadas para parejas. Sólo hay que ver la decoración del Hotel Villa Opera Drouot, considerado como uno de los más románticos de la ciudad. O el romanticismo de lujo del Best Western Hotel Eiffel Cambronne, desde cuyas suites puede verse la Torre Eiffel. El Dauphine Saint Germain, el Artus, el Cambon o el Montaigne tan sólo son un par de ejemplos más de los hoteles mejor considerados para disfrutar de un viaje acaramelado junto a la persona más especial.

 

Venecia, capital italiana del amor

Si París es la ciudad del amor, Italia es el país. Y de este país, Venecia es el epicentro de su romanticismo. La bota de Europa tiene en la ciudad de los canales un bien de lujo, de duración no del todo clara: los cambios climáticos amenazan cada vez más con su desaparición, lo cual no hace sino potenciar el deje romántico de sus calles, sus plazas y, sobre todo, las aguas que la caracterizan. Y es que está claro: una pareja de viajeros no puede dejar pasar la oportunidad de navegar por sus canales montada en una góndola, mientras su remero se atreve con canciones típicas vénetas a la vez que guía su navío hacia los lugares más entrañables de la ciudad. Los palacios barrocos, renacentistas y góticos, la plaza de San Marcos o el Puente de los Suspiros son sólo algunos de los más emblemáticos; edificaciones que cortan la respiración y transportan a una pareja de enamorados a un mundo distinto, bucólico. Y por supuesto, a ello responden los hoteles con una oferta sumamente variada de suites para dos, que lo mismo recuperan el arte original con que fueron edificadas (Hotel Casa Verardo), que centran sus esfuerzos en una experiencia totalmente romántica (Ca Pisani) o se especializan en el confort que facilitan las últimas tecnologías (el jacuzzi al aire libre del hotel Bauer Il Palazzo). Ofertas que no se preocupan por el bolsillo del usuario, pero que merecen la pena, al menos una vez en la vida.

 

Praga, la ciudad más romántica de Europa del Este

Así es como se conoce a la capital de la República Checa, cuyo casco antiguo ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por su enorme belleza. De hecho, pasear por las calles de esta ciudad que se alza a orillas del río Moldava, implica ser transportado a dos épocas distintas, las dos de mayor esplendor de su historia: el siglo XIV y el XVIII. De estos dos periodos correspondientes al arte gótico y al barroco, Praga es prácticamente un museo viviente, en el que vive un pueblo fiel a sus costumbres y su cultura. Completan la experiencia numerosas actividades a disfrutar en pareja: conciertos nocturnos en entornos imposibles, cenas románticas junto al río, y paseos por la frondosa naturaleza que rodea la ciudad, definida por Goethe como la joya de la corona más bonita del mundo. Diversos hoteles y apartamentos se distribuyen por la ciudad, imitando o directamente formando parte del arte original que los rodea, y haciendo de una estancia en Paraga una experiencia inolvidable.

 

Viena, la ciudad mágica

Visitar la capital de Austria quiere decir visitar la capital europea de la magia. Significa desaparecer del mundo cotidiano para perderse en una onírica combinación de música, cuentos, historia y ensoñación. Fue en Viena donde Johann Strauss compuso los valses más bonitos, y lo hizo inspirándose en sus calles y plazas de corte medieval, su naturaleza incipiente, la hermosura de sus edificios más relevantes y las aguas del río Danubio que bañan sus tierras. Hay que ir a Austria, y hay que hacerlo en pareja, para disfrutar de un paseo en carroza, de una cena romántica en sus pequeños y acogedores restaurantes, y de noches de ensueño en los hoteles que, conocedores del romanticismo de su ciudad, se acondicionan para redondear la experiencia. Las lujosas suites del Grand Hotel Wien Hotel o del Altstadt Vienna son tan sólo un par de ejemplos de las muchas posibilidades de tan mágica ciudad.

 

Nueva York, donde todo tiene cabida

Nueva York puede entenderse como la ciudad más moderna; la más majestuosa; la más famosa; y también, como una de las más románticas. La capital del mundo tiene la habilidad de transformarse a gusto de quien la visite, por lo que un viaje en ferry hasta la Estatua de la Libertad, un paseo por Central Park o por el puente de Brooklyn, o un vistazo desde el Empire State suponen una agenda maravillosa para una pareja. En especial si el viaje se realiza en Navidad, con la ciudad nevada, iluminada y poblada de abetos decorados y pistas de patinaje. Como no podía ser de otra manera, la ciudad que nunca duerme dispone de una amplia oferta de hoteles volcados en la más perfecta de las experiencias para parejas, destacando por encima de todos el St. Regis, con mayordomos todo el día, menú de baños terapéuticos, restaurante francés de lujo y habitaciones con decoración clásica y elegante. Le va a la zaga el más icónico, el Plaza, que dispone de todas las comodidades y a través del que se pueden contratar paseos en carroza por el Central Park. Y una tercera opción puede ser el Greenwich Hotel, considerado como un verdadero oasis en medio del bullicio de la ciudad, con habitaciones de diseño único, jardines internos, y una piscina cerrada que hará las delicias de todas las parejas.

Playa de Padangbai, Bali

Playa de Padangbai, Bali

 

Bali, un paraíso por descubrir

Tal vez a nadie se le ocurran como primera opción, pero las islas de Bali, en Indonesia, se están convirtiendo en uno de los destinos preferidos por parte de las parejas de todo el mundo. Se trata de un viaje que casi podría definirse de sensorial, a un destino que es pura naturaleza: playas de ensueño, frondosos bosques y cielos de postal se dan la mano mientras preciosos hoteles piden paso para hacerse con un hueco desde el que ofrecer veladas de lo más románticas a sus clientes. Pocas experiencias son equiparables a contemplar un atardecer en la otra parte del mundo, con una copa de vino en la mano y desde las tumbonas de dichos hoteles.

 

Cartagena de Indias, una historia de piratas

La ciudad colombiana de Cartagena es, para muchos, otro de aquellos emplazamientos para disfrutar acompañado. Fundada en 1533 y a día de hoy todavía amurallada, quienes paseen por sus calles se verán metidos en un mundo de piratas y corsarios, que antaño pululaban por la zona debido a su riqueza. La oferta hotelera de la ciudad aprovecha esta condición y decora sus habitaciones al estilo de entonces; y entre los paseos en carroza a la luz de farolillos coloniales, las plazas con música en vivo y la calidad de sus restaurantes, el éxito de una velada romántica está asegurado. En especial, si se concluye el día tomando una copa a ritmo de piano desde la torre-mirador del Bodegón de la Candelaria…

 

Roma, capital del mundo antiguo

En una lista de lugares románticos, no puede excluirse la capital italiana. Cuna de la historia y fuente de inspiración de algunas de las comedias más trascendentales del cine, Roma es uno de los máximos exponentes de la definición de romanticismo, convirtiéndose en destino ideal para aquellos enamorados de compartir experiencias inolvidables en lugares genuinamente embriagadores. No se puede ir a Roma en pareja, y no lanzar una moneda a la Fontana di Trevi, poner ambas manos al unísono en la Bocca della Verità o cenar junto al Colosseo. Además de tales clásicos, está recomendado como gesto romántico por excelencia compartir un dulce en Tre Scalini, cenar en el Hotel Edén, y ver cómo se ilumina la ciudad paulatinamente.

 

San Francisco, un clásico del amor en los Estados Unidos

Antes hablábamos de Nueva York como el referente norteamericano por excelencia para los enamorados, pero no hay que olvidarse de San Francisco, otro de los destinos habituales en toda película de género romántico que se precie. Esta ciudad, situada sobre la costa oeste de los Estados Unidos, cuenta con infinidad de localizaciones desde las que disfrutar de vistas casi indescriptibles. No se debe dejar escapar la oportunidad de cenar en el restaurante Top of the Mark, epicentro del amor desde hace casi un siglo, cuando el sol deja su paso a la luna y la ciudad empieza su juego de luces. Del mismo modo, no pasa un día sin que alguien se proponga en matrimonio en el maravilloso Palace of Fine Arts; ni sin que parejas de todas partes salgan a cruzar el Golden Gate Bridge a pie o en bicicleta. De acuerdo, San Francisco no es la primera opción en venir a la cabeza cuando se piensa en destino romántico, pero eso no le resta un solo ápice de su edulcorado espíritu.

 

Barcelona, el romanticismo del Gòtico

Cierra el grupo, pero la Ciudad Condal bien podría colocarse en las primeras posiciones. Como toda buena megalópolis, Barcelona tiene multitud de rostros bien distintos entre sí. Por eso, los que gusten de paseos sin tener en cuenta la hora pueden deambular abrazados por las calles de su barrio gótico, que les transportará a otra época irremisiblemente. O subir hasta lo más alto del Tibidabo, ese parque de atracciones con reminiscencias añejas que permite ver la ciudad desde un punto de vista único. Ni qué decir tiene que la obra de Gaudí (de arquitectura sensible, única y sutil) supone el broche de oro de una estancia para dos: descubrir el Parc Güell de arriba abajo no tiene parangón, y contemplar la majestuosidad de sus casas y los interiores diseñados por él mismo llevan consigo el peligro de creer estar en un mundo onírico y maravilloso. Digno de compartir con quien más quieres.

Barcelona
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